jueves, 1 de marzo de 2012



Cause if one day you wake up and find that you're missing me, And your heart starts to wonder where on this earth I can be, Thinking maybe you'd come back here to the place that we'd meet, And you'd see me waiting for you on the corner of the street.

The Script. The man that can't be moved.

Ha sonado la campana y corremos con nuestras mochilas a cuestas de camino hacia el baño. Es viernes, y toca cambiar los uniformes por vaqueros y camisetas elásticas. Tengo 15 años y sólo pienso en un refresco bien fresquito y en "él" me mandará mensajitos a mi móvil.

Eran días de messenger, salas de chat, tardes en el centro comercial y recreos en el colegio jugando a las cartas.

Era otra y sin embargo ahora me miro y todavía me reconozco.

Aunque no quería reconocerlo, jugaba a encontrar a mi principito. Jugaba a ser mayor y a que me enamoraba en el desfile del colegio de al lado. Soñaba con que un día se fijaran en mí y ser la protagonista de la historia, pero al final me conformaba con fugaces tentativas y escuetas miradas. No conseguí ser nunca la princesa. No quería romper corazones, pero siempre veía como las demás lo hacían.

Nunca acabé de distinguir bien entre amistad y amor en aquellos tiempos en el que ser popular implicaba estar en todas las fiestas y ser deseada por todos en un sentido demasiado sexual de la palabra para ser una granosa púber.

Pasaron unos cuantos años. Más experiencias, más primeras veces en todo.

Pero había cosas que no cambiaban: mis temores, mis poses infantiles, mis historias inacabadas. Los cuentos cuyas líneas nunca terminaba de escribir, tal vez por miedo a tener un final no tan feliz. Los amigos que a veces no lo son tanto. O lo son demasiado. Sea como fuere, siempre resulté un desastre para esto de las relaciones sociales.

Descubrí las noches de cervezas y música, de "heavys" y rock and roll, pero siempre volvía para refugiarme en mi mundo edulcorado, confortable y sensible. De hecho, tarde o temprano éste siempre volvía a aparecer y lo envolvía todo. Este siempre ha sido el trocito de mí que nunca se ha ido, y con él he arrastrado a personas, sentimientos, emociones y momentos que nunca volverán, pero que siempre tendré grabados en mi memoria.

El tiempo pasaba rápido, pero esos pequeños ratitos que quería que se mantuvieran anclados los arrancaba con mi mano, los guardaba en un tarrito y todavía me dedico a observarlos de vez en cuando.

Con sus amarguras y sus llantos, fueron momentos tremendamente felices.

Con todo, puedo decir orgullosa que siempre fui yo misma. Fui histérica, absurda, indecisa, caprichosa, hipersensible, no muy lista, pero siempre yo. Supe trascender las modas, y tal vez por eso nunca fui la princesa del cuento.

Cuando me da por recordar, no hay distancias ni años que me separen del pasado. Todo parece haber sucedido ayer: mi primer beso, mi primer amor, mi primer desamor, mis primeras bebidas alcohólicas, mi primer amigo de verdad, mis primeros desengaños, mis primeras amarguras, mis primeros desesperos, mis primeras desgracias.

Pero fue todo tan bonito.

A todas las bocas a las que besé, todas las manos que cogí. A todas las personas a las que abracé, a todos los que odié. A todos los que olvidé, y a los que recuerdo cada día. Por los que lloré, con todos los que sonreí. A todos los que se fueron y aquellos que a día de hoy aún están aquí. A los que todavía me llaman y se acuerdan de mí. A los que aún están confusos. A los que me odian. A las personas que aún me aman. A los príncipes que nunca tuve y a las que vi convertirse en princesas mientras yo me quedaba en Cenicienta. A los que nunca di una respuesta clara y a los que dejé las cosas demasiado claras. A los que nunca se atrevieron a decirme unas palabras, y estas quedarán por siempre perdidas en el viento de los tiempos:

Os recuerdo cada día de mi vida. Fuisteis parte de lo que fui y gracias a ello ahora soy con quien me encuentro en el espejo cada mañana. Todavía queda un trocito de esa niña que sin quererlo empezó a crecer y a ver un mundo que a veces le ha gustado.

Todavía guardo algo de aquello que tuve en el pasado. Mírame a los ojos y aún hoy encontrarás aquello que hizo que te quedaras a mi lado o que huyeras de mi. Yo me acuerdo de ti cada día, pues parte de lo que me diste vive todavía en mi.

Sigo siendo aquella chica que soñaba con conocer lo mejor de cada uno, pero que no tenía claro su lugar en el mundo, y creo que sigo estando en el mismo sitio.

Soy aquella chica, ¿me recuerdas?

M.

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