martes, 28 de febrero de 2012

Un ángel desprendido



Bye bye, baby

Remember you're my baby

When they give you the eye

And just to show that I care

I will write and declare

That I'm the loose

But I'm still on the square



Todavía recuerdo la primera vez que la vi. Era en una película en blanco y negro que me había puesto mi padre para intentar que me quedara quieta. Y ahí estaba: rubia, preciosa, con unos andares a camino entre lo sensual y lo cómico y una mirada sonriente. Apenas entendí la película, pero ella me hipnotizó por completo.


Pasaban los años, y jamás pude quitármela de la cabeza. Cuando me hice más mayor, me puse a ver todas y cada una de sus películas compulsivamente, intentando borrar de mi mente una imagen terrible que vi de su cuerpo inerte y que me había provocado más de una pesadilla.


Con el tiempo me di cuenta de la triste historia de su vida: nadie llegó a conocerla. Todas las personas que le rodeaban amaban a Marilyn Monroe, pero nadie quiso nunca a Norma Jean. De hecho, he dudado siempre que nadie llegara a saber quién era en realidad. Era más sencillo para todos que la droga y el alcohol la sumieran en un estado onírico en el que no sabía qué era realidad y qué era incierto.


Si alguien vio tras toda esa pátina de autodestrucción y e hipocresía, esa fui yo, una niña de 5 años que se pintaba de rojo los labios ante el espejo y hacía poses esperpénticas con la esperanza de ver algún atisbo de esa mujer tan bonita en mis infantiles e infructuosos movimientos.


He crecido con su imagen grabada en mi cabeza, pensando de vez en cuando qué habría sido de ella si hubiera vivido más tiempo, o si todos aquellos buitres que la rodeaban hubieran desaparecido. Eso nunca lo sabremos. Tal sea lo mágico de su recuerdo, o tal vez la industria del cine se pase la vida lamentándose por haber dejado que un ángel se desprendiese de su maravillo pero falso cielo de algodón.


Se harán películas, se publicarán libros y saldrán a la luz imágenes inéditas de la mal llamada ambición rubia, pero yo siempre la conservaré en mi memoria como surgió en mi y como siempre la he recordado: la estrella y la actriz


Y la persona que nunca le dejaron ser.



M.

lunes, 13 de febrero de 2012

Polichinelas

Imagen de la agencia EFE

La crisis está en boca de todos. Todos nosotros tenemos a alguien afectado por la crisis. En España, las tertulias futboleras van acompañadas de comentarios acerca de la reforma económica y del paro y de "esto va a acabar estallando por algún lado". Bueno. Estallará si queremos que estalle.
En los medios de comunicación podemos ver cómo está la situación en Europa y el mundo y, según el tipo de medio al que nos aproximemos, apreciaremos unas u otras opiniones y podremos forjarnos la nuestra propia. Todos tenemos algo que decir, algo que pensar, o al menos eso parece.
Nos llevamos las manos a la cabeza cuando vemos en qué se está convirtiendo todo. Las personas mayores ya se atreven a decir que "ni en mis tiempos el futuro estaba tan negro", y los pensionistas procuran abrocharse el cinturón "por si acaso".
Todo el mundo parece sorprendido por lo que está sucediendo.

Y yo me pregunto ¿De qué os extrañáis?

Hace tiempo que planeamos sobre una falsa burbuja de bienestar y tranquilidad; hemos vivido en la inopia. Los mercados siempre han estado ahí, los políticos siempre han mentido y los sindicatos estaban tranquilos porque las cosas parecían permanecer en calma y por el momento no había mucho por lo que pelear. Ahora la burbuja ha explotado y nos ha pillado a todos en cueros. Los sindicatos han demostrado su nula capacidad para defender a los trabajadores. Los mercados se han convertido en aquellos que mueven los hilos de los países. Los políticos... Bueno, qué decir de esos fantásticos actores que bajo sus caretas azules, rojas y verdes nos venden una historia de luces y sueños para luego sacudirnos a garrotadas. Son los Polichinelas de siglo XXI (http://es.wikipedia.org/wiki/Polichinela)
Ahora que todo lo que conocíamos se ha ido al garete, la gente se echa las manos a la cabeza. Cuando la gente podía ir de compras indiscriminadamente sin pensar en gastar menos de lo que se tiene, no pensábamos en los hilos invisibles del consumismo. Cuando íbamos felices a dejar nuestro papelito en una urnita preciosa de metacrilato, a nadie parecía importarle que los políticos no velan por nuestros intereses, sino por los suyos ¿Escándalos políticos? "Siempre los ha habido", te decían. Nadie parecía estar interesado por nada más que no fuera su bienestar. Vivíamos en una cómoda ignorancia, ganando 3 y gastando 5, ya que, cada vez que poníamos la mano para pedir, alguien siempre nos daba más.

Ahora todo eso se ha acabado.

Ahora que la crisis es omnipresente y omnipotente y que en su nombre parece que todo vale, la gente no sabe hacia qué dirección mirar. Estamos desorientados. En España, tenemos 5 millones doscientos mil parados; para mí, las mayores víctimas de la crisis. No es que el mundo vaya a autodestruirse el 21 de diciembre de este año, pero sí que el mundo, tal y como lo conocemos, está cambiando. No sé si volverá a ser como antes, pero si eso sucede, doy fe de que será dentro de mucho, mucho tiempo. Yo no tengo miedo de que el mundo cambie. Lo que temo es que la gente ponga excusas para no hacerlo. Cambiar no quiere decir rendirse; está claro que la culpa de esto no es nuestra. La culpa lo tienen todos aquellos que ahora nos dicen lo que tenemos que hacer.

Podemos vivir a contracorriente y construir la sociedad que nosotros queremos.

Podemos ser autocríticos y críticos con el sistema, podemos cuestionar lo que los "mercados" creen que debemos hacer, podemos vivir cultivando nuestras propias ideas.
Ahora que todos parecen saber lo que debemos hacer, ahora es el momento de construir aquello que queremos para el presente y el futuro. Siempre pacíficos, pero nunca quietos.

Que no nos pillen más en cueros los Polichinelas del siglo XXI.


M.


sábado, 4 de febrero de 2012

Let it snow






No sé si es normal o no que nieve de esta manera en Mallorca, pero levantarse y ver el patio de la casa de una de esta manera merecía una entrada con algunas fotos.

P.D.: mis niños se lo han pasado de lujo

M.