domingo, 6 de noviembre de 2011





"¿Te ha gustado?"

Odio que me hagan esa pregunta. En según qué situaciones no se deben hacer esa clase de preguntas.

Esbocé una leve y forzada sonrisa y me di media vuelta, tapándome bien con la sábana. Tenía una sensación extraña, pero incómoda. Un pudor estúpido, pero inevitable.
Noté sus brazos rodeándome el cuello y su cuerpo apretándose contra el mío. Me sentía agobiada pero, ¿cómo le dices a una persona que no te abrace después de haber intimado con ella? Me parecía todo tan absurdo, tan irreal...

Los minutos parecían pasar muy lentamentem y el aire se hacía pesado por momentos. Cada vez me sentía más agobiada, hasta que me vi con la necesidad de incorparme. Noté cómo su mirada se clavaba en mi espalda y, al girarme, observé su gesto complacido, casi bucólico, como si en su cabeza estuviera pensando "¡qué mooooonaaaa!" Ni que fuera una oveja...

"¿Te vistes ya?"

"Sí"

"¿Y eso? ¿Tienes prisa?"

...

No pude más.

"Mira, esto... Esto no está bien"

No me sentía culpable, ni creía que estuvise haciendo nada malo ni nada de eso. Simplemente no me sentía a gusto con esa persona. No era mi tipo

Percibí en su cara un rictus de incompresión, hasta de decepción, diría yo.


"Es... Es por él, ¿verdad? Dijiste que ibas a dejarlo y no lo vas a hacer, ¿no es eso? Yo pensé... pensaba que... Esto podría funcionar..."

"Sí, voy a dejarle, pero no puedo seguir con esto. No es por él, es por lo nuestro. Sinceramente, algo me dice que no voy a sentirme a gusto si iniciamos una relación"


Empezó a temblarle la barbilla.

"Mira, tengo que pensar muchas cosas. Sobre ti, sobre mi, sobre mi mundo... Tengo demasiadas movidas y necesito aclararme. No creo que ahora consiga encauzar este drama emocional y creo que si nos ponemos hablar ahora se desencadenará una especie de tragedia griega que no sabré gestionar, así que mejor me marcho. Te llamaré, ¿vale? Lo prometo."


Me puse mi camiseta de lycra, le di un beso en la frente y me marché. Me sentía extraña; nunca había hecho algo así. Ahora tenía la papeleta de irle a él a contarle toda una serie de empanadas emocionales y lios que me llevaran a explicarle que estoy muy confundida, que no tengo clara mi sexualidad y un largo etcétera de medias verdades.

Sin embargo, una parte de mí se sentía alegre, como con un subidón de adrenalina. En ese momento, mientras me dirigía al coche, sólo pensaba:

"Joder, para redondear la jugada, al irme debería haberle dicho algo así como 'no te preocupes, pequeña, todo se arreglará'"

Pero claro, nunca había sido el chico en una relación.


Y eso se notaba.

M.