sábado, 2 de julio de 2011

Incongruencias

Imagen de Raúl Buenaposada

Una mesa de madera de pino con un arbolito muerto sobre ella. Una taza de café a medio apurar. Algunas monedas de poco valor, oxidadas y desperdigadas. Una ventana mal cerrada y la luz de un flexo que vibra y tiembla. Una calle poco cuidada con unos edificios malparidos.

Estas son mis pertenencias.

Yo, sin embargo, no pertenezco a nadie. Ni a mi madre, ni a mi padre, ni al mundo, ni a las personas que puedan quererme, ni tan siquiera a las que puedan odiarme. Soy como una entidad repleta de energía, que fluye a través de los días, semanas y años.

Cada vez creo en menos cosas, pero a la vez la esperanza es lo que me ayuda a seguir fluyendo. Soy un dechado de contradicciones, una persona difícil de entender pero sencilla de contentar.

Y cuando estoy triste, y no quiero llorar más, me voy a la playa, a ver las dunas de arena y moverme al son del suave oleaje de la tarde como fuera un diapasón. Pero sin piano.
Y entonces las nubes se van, y observo como el sol me saluda y deja a su paso unas manchitas naranjas que yo borro con la manga de mi camiseta.
Las barcas de los pescadores no son muy grandes; ¿cómo pueden hacerlo para pescar unos peces tan grandes?

Estoy delirando; supongo que estaré enferma. Mis mofletes sonrosados delatan algún tipo de fiebre. Aunque es extraño, porque no me encuentro enferma, sino cansada y agotada, pero con ganas de sonreír. Será alguna enfermedad rara, de esas que ni los médicos encuentran cura porque nunca pensaba que existiera. Tal vez sean ganas de vivir. Tal vez, de tantas ansias de absorber cada segundo que me ofrece el tiempo, me ha dado un empacho y me he puesto mala.
Y ahora escribo frases inconexas sin sentido alguno para los entendidos en la lengua, pero que tal vez para un simple mortal sí que tengan un sentido.

Si es así, háganmelo saber, por favor. Mientras tanto, voy a escuchar canciones en francés y a ignorar todas aquellas cosas negativas y que huelen a naftalina (todo el mundo sabe que lo que huele a naftalina es malo y lo que huele a vainas de vainilla es bueno)


M.

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