sábado, 18 de junio de 2011

Para Carlos Pons Olivares

En días tan extraños como éstos, en los que todo parece inseguro y a punto de desmoronarse a la primera de cambio, parece increíble poder tener cerca a alguien que te aporte lo que parece que se ha extinguido en el mundo. Cuando las palabras ya se quedan vacías, corrompidas por personas que las pronuncian sin sentido, contar con alguien que no las pronuncia en vano es un soplido de aire fresco. Así es más fácil cambiar las cosas. Decides coger a esa persona de la mano y juntos crear un entorno más justo; los objetivos comunes se tornan un sólo bloque imposible de romper.
Cuando todo parece quebrarse siempre es alentador pensar que alguien esperándote en tu casa para decirte que todo va a salir bien, y viceversa: abrazar y ayudar a alguien cuando no se siente bien te reconcilia con el mundo.
Yo siempre he creído que había cosas injustas, pero no conocía las herramientas para poder cambiarlo (o al menos intentarlo). Cuando conoces a alguien combativo, dispuesto a creer en las utopías y llevarlas a cabo, te crees capaz de comerte el mundo. Es entonces cuando decides emprender un viaje lleno de dificultades, pero maravilloso y mágico.
Hay que pelear, sangrar, sufrir y llorar si se quiere ir contracorriente, pero creer en alguien, y que ese alguien crea en ti hace que las heridas sean recuerdos de unas batallas que siempre merecen la pena: las de la lucha por una vida justa.

Por eso, y por todas las cosas que están por venir, te dedico a ti, Carlos Pons, esta entrada. Tal vez no sea gran cosa, pero la gente debe saber que existen personas como tú. Puede que no lo sepas, pero eres muy especial y lo demuestras cada día.

¡Vamos a pelear por las utopías, por las causas imposibles!

M.

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