domingo, 12 de junio de 2011

La ciudad de todos, la Revolución consciente

Pongamos que nuestro mundo es una ciudad. Esta ciudad está bastante mal construida: edificios que se caen, casas con ventanas rotas, personas que viven en la calle, gente que no tiene para comer, todo el dinero invertido en edificios ultramodernos para los millonarios mientras hay calles sin asfaltar... Es más que obvio que debemos cambiar esta ciudad. Debemos modificarla, paso a paso. Unos deben recoger los escombros que se van generando, otros deben diseñar nuevos edificios y barriadas con planos bien proyectados, otros deben construir y otros deben limpiar.
En lo más fondo de nuestro ser, en aquel rincón en el que nuestra parte consciente no se atreve a entrar, hay algo irracional que nos dice que debemos prender la mecha e inmolarnos para reflejar nuestra ira ante todas las injusticias que nos envuelven. Esa irracionalidad de nuestro ser nos empuja a destruir nuestra ciudad, a derruir todas las construcciones y llevarnos por delante todo lo que se plante ante nuestro camino. Pero...

¿Qué hacemos luego con los escombros? ¿Cómo construimos una ciudad nueva?

Eso es lo que están esperando Ellos. Ellos son los de arriba, los que nunca vemos. Ellos son aquellos que tienen nuestras cuerdas y nos dirigen como títeres. Ellos quieren que gritemos, que escupamos sangre por la boca, que nos exaltemos y nos dejemos llevar por el odio. Cuando hacemos eso, Ellos nos señalan y se ríen, nos castigan y se burlan. El odio no es camino. La visceralidad incontrolada nos convierte en los esclavos de nuestra propia revolución. La vuelve injustificada y la posiciona contra todos aquellos a los que va dirigida. La irracionalidad es el argumento que esgrimen Ellos. Ellos esperan que no pensemos, que actuemos sin más, que no reflexionemos acerca de lo que está sucediendo.

No les demos ese placer.


Lo revolucionario no es salir a la calle a quemar contenedores y a gritar "la calle es nuestra" una y otra vez, para luego seguir con la vida de uno, como si lo que haces en tu casa y lo que haces en la calle no tuviera nada que ver. Lo revolucionario es reunir a un grupo de gente y decidir que hay que cambiar las cosas. Reflexión, opinión, pensamiento, puesta en común, diseño y acción. La organización es lo que a Ellos les va a desconcertar. Ellos no quieren a gente que, organizada, piense y reflexione maneras de cambiar. Hagámoslo. Ellos no quieren que pensemos y nos culturicemos.

Culturicémonos. Busquemos los motivos para actuar. No hagamos las cosas por el mero hecho de que "hay que hacerlas". Todas las acciones, por muy legítimas que sean, necesitan de un motivo.

Ellos nos quieren violentos y agresivos. Quieren que destruyamos nuestra ciudad y después nos vayamos, o que formemos parte de su sistema, para así absorbernos y hacernos desaparecer. Así, lo revolucionario no es reconcomerse de ira y frustración, sino luchar cada día por y para ser felices y mejores personas. Discute, enfádate, pelea, habla, alza la voz. Pero piensa, por favor, piensa. No es que esté diciendo nada nuevo; el "organízate y lucha" se inventó hace mucho tiempo. Por algo sería.


Ser feliz, bueno y pacífico parece que no se lleva; una de nuestras tareas es ponerlo de moda.


M.

1 comentario:

Eterna reflexion dijo...

bah, lo malo de las modas es que tienden a infravalorar el concepto que portan. Y lo degradan. Prefiero la paz del que la meditó, que la paz de moda.

Interesante texto :) un saludín