miércoles, 22 de junio de 2011

sábado, 18 de junio de 2011

Para Carlos Pons Olivares

En días tan extraños como éstos, en los que todo parece inseguro y a punto de desmoronarse a la primera de cambio, parece increíble poder tener cerca a alguien que te aporte lo que parece que se ha extinguido en el mundo. Cuando las palabras ya se quedan vacías, corrompidas por personas que las pronuncian sin sentido, contar con alguien que no las pronuncia en vano es un soplido de aire fresco. Así es más fácil cambiar las cosas. Decides coger a esa persona de la mano y juntos crear un entorno más justo; los objetivos comunes se tornan un sólo bloque imposible de romper.
Cuando todo parece quebrarse siempre es alentador pensar que alguien esperándote en tu casa para decirte que todo va a salir bien, y viceversa: abrazar y ayudar a alguien cuando no se siente bien te reconcilia con el mundo.
Yo siempre he creído que había cosas injustas, pero no conocía las herramientas para poder cambiarlo (o al menos intentarlo). Cuando conoces a alguien combativo, dispuesto a creer en las utopías y llevarlas a cabo, te crees capaz de comerte el mundo. Es entonces cuando decides emprender un viaje lleno de dificultades, pero maravilloso y mágico.
Hay que pelear, sangrar, sufrir y llorar si se quiere ir contracorriente, pero creer en alguien, y que ese alguien crea en ti hace que las heridas sean recuerdos de unas batallas que siempre merecen la pena: las de la lucha por una vida justa.

Por eso, y por todas las cosas que están por venir, te dedico a ti, Carlos Pons, esta entrada. Tal vez no sea gran cosa, pero la gente debe saber que existen personas como tú. Puede que no lo sepas, pero eres muy especial y lo demuestras cada día.

¡Vamos a pelear por las utopías, por las causas imposibles!

M.

domingo, 12 de junio de 2011

La ciudad de todos, la Revolución consciente

Pongamos que nuestro mundo es una ciudad. Esta ciudad está bastante mal construida: edificios que se caen, casas con ventanas rotas, personas que viven en la calle, gente que no tiene para comer, todo el dinero invertido en edificios ultramodernos para los millonarios mientras hay calles sin asfaltar... Es más que obvio que debemos cambiar esta ciudad. Debemos modificarla, paso a paso. Unos deben recoger los escombros que se van generando, otros deben diseñar nuevos edificios y barriadas con planos bien proyectados, otros deben construir y otros deben limpiar.
En lo más fondo de nuestro ser, en aquel rincón en el que nuestra parte consciente no se atreve a entrar, hay algo irracional que nos dice que debemos prender la mecha e inmolarnos para reflejar nuestra ira ante todas las injusticias que nos envuelven. Esa irracionalidad de nuestro ser nos empuja a destruir nuestra ciudad, a derruir todas las construcciones y llevarnos por delante todo lo que se plante ante nuestro camino. Pero...

¿Qué hacemos luego con los escombros? ¿Cómo construimos una ciudad nueva?

Eso es lo que están esperando Ellos. Ellos son los de arriba, los que nunca vemos. Ellos son aquellos que tienen nuestras cuerdas y nos dirigen como títeres. Ellos quieren que gritemos, que escupamos sangre por la boca, que nos exaltemos y nos dejemos llevar por el odio. Cuando hacemos eso, Ellos nos señalan y se ríen, nos castigan y se burlan. El odio no es camino. La visceralidad incontrolada nos convierte en los esclavos de nuestra propia revolución. La vuelve injustificada y la posiciona contra todos aquellos a los que va dirigida. La irracionalidad es el argumento que esgrimen Ellos. Ellos esperan que no pensemos, que actuemos sin más, que no reflexionemos acerca de lo que está sucediendo.

No les demos ese placer.


Lo revolucionario no es salir a la calle a quemar contenedores y a gritar "la calle es nuestra" una y otra vez, para luego seguir con la vida de uno, como si lo que haces en tu casa y lo que haces en la calle no tuviera nada que ver. Lo revolucionario es reunir a un grupo de gente y decidir que hay que cambiar las cosas. Reflexión, opinión, pensamiento, puesta en común, diseño y acción. La organización es lo que a Ellos les va a desconcertar. Ellos no quieren a gente que, organizada, piense y reflexione maneras de cambiar. Hagámoslo. Ellos no quieren que pensemos y nos culturicemos.

Culturicémonos. Busquemos los motivos para actuar. No hagamos las cosas por el mero hecho de que "hay que hacerlas". Todas las acciones, por muy legítimas que sean, necesitan de un motivo.

Ellos nos quieren violentos y agresivos. Quieren que destruyamos nuestra ciudad y después nos vayamos, o que formemos parte de su sistema, para así absorbernos y hacernos desaparecer. Así, lo revolucionario no es reconcomerse de ira y frustración, sino luchar cada día por y para ser felices y mejores personas. Discute, enfádate, pelea, habla, alza la voz. Pero piensa, por favor, piensa. No es que esté diciendo nada nuevo; el "organízate y lucha" se inventó hace mucho tiempo. Por algo sería.


Ser feliz, bueno y pacífico parece que no se lleva; una de nuestras tareas es ponerlo de moda.


M.

domingo, 5 de junio de 2011

Conoce, reflexiona, actúa.






Parece que el mundo se ha puesto en marcha. Parece que, por fin, tenemos intención de empezar a movernos. No hace falta ser un sabio para darse cuenta de que no podemos continuar en esta situación.
También hay que admitir que son tiempos muy desconcertantes: han salido numerosas plataformas, movimientos y voces que reclaman un cambio y están más que dispuestos a llevarlo a cabo. Seguro que la pregunta de más de uno es:

¿Y qué movimiento, plataforma o voz apoyo yo?

Apoya a todos, o sólo a algunos, o no te unas a ninguno si no estás del todo convencido/a. Tú puedes empezar a cambiar las cosas por ti mismo/a. La persona, desde el mismo momento en que es consciente de la necesidad de moverse, ya ha iniciado una progresión. A partir de ahí todo puede ser más sencillo. Reflexiona, debate contigo mismo/a, busca tus propias conclusiones y opina sobre todo tipo de información que caiga en tus manos. Sé crítico/a. La realidad no es como nos la hacen creer. Los medios no muestran toda la información, los políticos no son como deberían ser y las personas y la sociedad en general se están deshumanizando de forma alarmantemente rápida. Ayuda a los que tienes a tu alrededor e intenta que tu entorno mejore.

Yo ya he iniciado este cambio. A decir verdad, lo inicié hace mucho tiempo, cuando decidí que no quería ser como los demás y que no iba a buscar lo que muchos buscan.

des aquí incito a todos, jóvenes, adultos y ancianos a olvidar el rencor y el odio, a aparcar las envidias, a borrar el egoísmo y el narcisismo. Pensemos de vez en cuando en las personas de las que nos hemos alejado y deseémosles todo el bien posible. Ayudemos a mantener nuestras calles limpias. Realicemos un consumos responsable. No critiquemos a no ser que sea algo constructivo y nos aporte alguna cosa buena. Cuidemos y respetemos nuestro medio y nuestro entorno. Luchemos por nuestros derechos y por los de los animales. Denunciemos las malas acciones y busquemos otras personas para poder debatir, construir y deconstruir.

Sobre todo, dejemos de lado nuestras diferencias para poder trabajar juntos y hacer de éste un mundo mejor.


M.