jueves, 7 de abril de 2011

El final

Hacía mucho tiempo que conocía a Arkan, y las cosas que habían pasado juntos parecían todavía rodearle, como coaccionándole para evitar un desenlace extraño. Habían permanecido tan unidos que nada hacía presagiar este triste final. Llantos, alegrías, preocupaciones, debilidades... Con él había conocido el dolor, pero también se había conocido a sí mismo. Sabía lo que quería y cómo debía actuar para conseguirlo. Sin embargo, todo ello se había vuelto ahora un arma de doble filo, puesto que aquello mismo que descubrió cuando todavía estaba del lado de Arkan era eso que precisamente en ese momento los separaba.
Arkan había decidido tomar un camino que lo alejaba de él; esa era la verdad. Por mucho que se esforzara, por más que intentara frotarse los ojos y ensayar un discurso delante del espejo, las palabras se le truncaban cuando la verdad le atravesaba el cerebro como una cuchilla helada.
Debían separarse. Para siempre. Ahora Arkan, su viejo amigo, tenía una visión de las cosas imposible de compartir por él. Parece horrible romper una amistad así, sin otro motivo que el andar por sendas distintas. Pero es mejor acatar la realidad a tiempo que vivir en la falsedad de una realidad construida como si un castillo de naipes se tratara. A la larga iba a ser más doloroso.
Todo esto también le obligaba a romper con parte de su pasado, a olvidar aquello en lo que una vez creyó y que aún guardaba en alguna parte de su ser. Llegaba la hora de cortar esos hilos y no volver a mirar jamás atrás. Todos esos recuerdos quedaban guardados en un baúl bajo llave e iba a tirarlos en el abismo más oscuro. Sin atisbo de duda, le deseaba lo mejor, pero en una vida que ya no iba a ser la suya nunca más.


M.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Amén.