jueves, 10 de febrero de 2011

Surrealismo: educación, educadores, pedagogos, sistemas...

La educación es un mundo muy complejo. Todos hemos pasado por ella pero, seamos de la generación que seamos, pensamos que cada vez va a peor. Mucha responsabilidad, mucha vocación y mucho esfuerzo, sin hablar de algunos casos de agresividad. "Hay que ver cómo están los chavales de hoy en día", dicen unos, o "Esta generación es la peor que he visto en mucho tiempo", dicen otros. Está claro que la educación, al menos en nuestro país, presenta gravísimos déficits y carencias. Estamos en la cola de los países europeos a nivel educativo, pero no hace falta irse a Europa; basta con ver los resultados académicos de los alumnos. Todos nos echamos la culpa unos a otros sin darnos cuenta del principal problema y causa de esta crisis en la educación: la sociedad. Dejemos a un lado los constantes y continuos cambios en la legislación en materia de educación (que también tiene mucha tela que cortar) y planteemos el tipo de la sociedad en que vivimos: mínimo esfuerzo, poco espíritu de lucha, conformismo, premio a la incultura, superficialidad, egoísmo, espíritus destructivos... Y no sigo porque es desalentador. Esta es la sociedad en la que se están desarrollando los jóvenes. Una sociedad en la que hay más programas del corazón que de cultura. Una sociedad en la que las personas cultas han sido relegadas a un cuarto oscuro y se les tira migajas de pan, para que se entretengan. Una sociedad en la que trabajar demasiado es de frikis.

Una sociedad podrida.

¿Cómo va a salir los chavales? Por favor, miremos a nuestro alrededor y después intentemos responder a esta pregunta. No esperemos milagros de unos jóvenes a los que aún les falta un largo recorrido para su madurez intelectual y personal. Ellos no tienen la culpa; la tenemos nosotros, los adultos, que con nuestra desidia hemos abandonado el barco a la deriva y ahora no hay vuelta atrás para cambiar la sociedad en la que vivimos.
Pasemos ahora a la cuestión de la educación. La educación es un reflejo de esta sociedad. Profesores quemados que llevan 20 años haciendo los mismos ejercicios. Centros que no tienen en cuenta la realidad existente y sistemas que no saben dar respuesta a las necesidades de los jóvenes. Oh, sí es muy bonito decir "¡Educación para todos!", pero a la hora de la verdad, quien no llega a lo establecido por este maravilloso "sistema", recibe como ayuda la frase de "Tú no sirves, ni para esto ni para nada", seguida de una bonita patada en su trasero. Seamos francos: nuestro sistema educativo no ofrece una educación para todos, ni atenciones especiales a los chicos y chicas que lo necesiten, ni ofrece un abanico de posibilidades. Nuestro sistema educativo nos obliga a pasar por el aro, una y otra vez.
Yo creo en un sistema diferente. Creo que es posible hacerles ver a los alumnos que una nota a final de curso no es lo importante. Pienso que puede haber un día en el estos alumnos dejen de ser meros números o cifras de fracaso para centros y administración y se conviertan en personas que tienen derecho a una educación como es debido. Todo eso podría lograrse, a mi juicio, lejos de las teorías de pedagogos, la mayoría de los cuales no conocen la realidad de un centro. ¿Cómo puede dedicarse uno a guiar un proceso educativo, a ayudar a los chicos con dificultades sin vivir todo ello en primera persona? Por suerte o por desgracia, estos últimos meses he conocido más de fondo diversas teorías y opiniones de pedagogos.

Y lamento decir que no me ha gustado ninguna.


M.

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