martes, 27 de julio de 2010

Sueños




La brisa que sopla en esta tarde de verano huele a almizcle, a cerezas maduras, a caramelos de anís. Es una brisa pesada, cargada de bochorno, pero que acerca a mi rostro los dulces recuerdos de fiestas pasadas, de amores inconclusos y besos que no llegaron a darse por miedo a finalizar una historia demasiado hermosa. Vienen a mi memoria los días de juego en el campo, en los que construía con hojas secas una barquita con un pequeño muñeco sobre ella, y la lanzaba al estanque, esperando verla al final del recorrido. Soñaba que era una princesa, y con mi vestido al viento saltaba y saltaba entre los naranjos, imaginando que mi príncipe llegaría a caballo en cualquier momento. Yo, resuelta a marcharme junto a él, me peinaba con mis diminutas manos y me pellizcaba los mofletes para que adquirieran el color sonrosado del cielo cuando el sol se esconde. Mi madre me daba la merienda, que solía consistir en galletas de chocolate caseras y un buen tazón de leche, y luego volvía a danzar con los árboles, como si me hallara en un baile de máscaras.
Las jornadas en las que no estaba en el campo las pasaba en la playa, haciendo castillos de arena y zambulléndome en el mar. Cuando notaba que me había sumergido por completo, imaginaba que estaba a punto de encontrar una ciudad perdida, una especie de reino subacuático. El monarca me recibiría con grandes honores, y allí haría amigos muy especiales.

Cierro la ventana. La brisa que sopla empieza a tornarse fría y la noche cae como las mantas pesadas y gruesas que usaba en invierno.


Puede que las cosas hayan experimentado cambios desde que fui niña hasta ahora, pero la vida me sigue pareciendo tan adaptable a uno mismo como los propios sueños.

Miro en mi interior.


Yo soy la reina de mi patria, una patria sin banderas, color ni religión.
Sigo mis propios pasos, nada me detiene, salvo el sufrimiento y el dolor.
En mi patria se respira vainilla, mora y fruta de la pasión.
Mi patria es muy hermosa,
porque mi patria es el amor.


M.

sábado, 24 de julio de 2010


Ayer, 22 de julio, acudí a una manifestación antitaurina en la plaza de toros de Palma, ya que unas horas después iba a celebrarse una corrida en la que seis toros iban a morir. No conocía a nadie de los organizadores, pero todos teníamos un motivo en común para estar allí: poner fin a la tortura y matanza indiscriminada de los toros y conseguir que de una vez por todas todo ello dejara de ser un espectáculo para convertirse en un crimen. La performance, a cargo de AnimaNaturalis y otros voluntarios, fue una maravilla. Poco a poco los ánimos fueron subiendo y los allí presentes nos uníamos en una sola voz para gritar consignas contra la "tauromafia". Había gente que nos miraba sin más, otros que nos animaban y otros que nos increpaban, pero no importaba. Esa concentración no se hacía por la gente, se hacía por los animales, que desgraciadamente no pueden defenderse.
La tauromaquia es una vergüenza. Es realmente increíble que, bajo el epíteto de "tradición" o "cultura" se droguen, torturen y maten a unos pobres animales. Esta condena es extensible a otras fiestas de dudosa humanidad como los "toros embolaos", las que tiran toros al agua o los famosos sanfermines. Los animales no son una broma, ni payasos, ni seres inferiores a los que podemos manipular como si fueran nuestros. ¿Qué demonios nos hemos creído? No somos superiores a nadie; yo iría más allá y diría que somos inferiores, porque un ser con intelecto y capacidad de lenguaje no debería ver estas atrocidades como algo a proteger. No le deseo nada malo a nadie, pero no siento ninguna lástima cuando cogen a un torero; los toros se defienden. ¿Qué pensarías tú si te drogaran, te sacaran a una plaza y se dedicaran a pincharte mientras te desangras para, finalmente, matarte de una estocada? Poco hacen los toros para lo que sufren.

Agradezco desde aquí a los de AnimaNaturalis y a todos los asistentes por la concentración ¡Nos veremos en la próxima!

Alguien dijo una vez que quien maltrataba y no amaba a los animales era mala persona. Yo diría que mala a secas, porque no se es persona si se hacen esas barbaridades.


M.

jueves, 15 de julio de 2010

She has the power

(La que está de espaldas con la camiseta abierta soy yo)





Este lunes iba a ir a uno de los mejores conciertos de mi vida y yo todavía no lo sabía. Hacía ya unas semanas que teníamos las entradas para ir al concierto que Patti Smith, la diva del punk, iba a dar en Lloseta. A mí ya me gustaba de antes, pero no me podía ni imaginar lo que iba a presenciar. Llegamos con calma al Palau dels Comtes d'Aiamans, nos encontramos con unos amigos y nos sentamos a esperar. Poco a poco comenzamos a levantarnos; empezaba el movimiento. Ella se demoró una media hora, pero cuando la vi aparecer, caminando por un claustro casi encima de nuestras cabezas, intuí que ese concierto iba a ser muy especial
Y vaya si lo fue. A los diez minutos de la primera canción, ya me había dejado llevar por la marea de personas que bailaban al son de la música. En las lentas, todos nos mecíamos a la vez, izquierda y derecha, como en una especie de océano. En las que tenían más ritmo ella saltaba, y todos saltábamos con ella. Because the night y People have de power acabaron de encender la llama del todo. Con Gloria llegó el éxtasis. Si ella nos hubiera pedido invadir un país, lo hubiéramos hecho. Fue capaz de hipnotizar a casi 2000 personas.
Yo salí de aquel concierto sudada, cansada y en un estado de completa embriaguez, despertando de un largo sueño. Había tenido el mayor subidón de adrenalina que jamás había experimentado.
Me fui a la cama pensando en todo lo que nos había transmitido esa mujer, en todo lo que me había transmitido a mí. Sin embargo, la cosa no acababa con ese increíble directo: al día siguiente iba a tenerla frente a mí. Y así, el martes me dirigí a Literanta con dos ejemplares de Just kids bajo el brazo, resuelta de decirle en mi modesto inglés lo mucho que me había gustado el concierto. Una vez en la cola y tras un rato de espera, empezó a hacerse el silencio; Patti Smith estaba entre nosotros, y los aplausos no tardaron en sonar. Se subió a una banqueta y pidió que los que fueran con niños pasaran primero. A partir de ahí empecé a temblar. Cuando llegó mi turno, todo cuanto me había propuesto decirle se me olvidó, y sólo pude balbucear mi nombre. Su asistente se dirigió a mí y me dijo que le gustaban mucho mis gafas. Ella me miró a los ojos, y asintiendo con la cabeza me sonrió. Jamás olvidaré ese momento.

Nunca he sido fan de nadie; nunca había hecho cola para que nadie me firmara un libro o un disco. Pero a esta mujer se le sigue sin quererlo. ¡Viva el punk y viva Patti Smith!


M.

domingo, 11 de julio de 2010

Camina, camina. No dejes que nada te lo impida.
Con paso ligero, sin mirar atrás.
Camina, camina.
La brisa es tu única compañera. Nadie más te sigue.
Camina, camina.


Las palabras repiqueteaban en su cabeza sin cesar, como las campanas de la iglesia en una mañana soleada de misa. Jovencitas con sus mantoncillos. Parecen recatadas, pero buscan con su mirada al hombre que les levante las enaguas y les adentre en las artes del placer, ahora prohibido pero soñado para ellas. Muchas de esas mañanas él se había paseado entre ellas. Jugaba a observarlas, a seducirlas. Habría conseguido a la que hubiera querido, pero era demasiado fácil. Lo fácil es aburido.

Sus pasos decididos provocan el roce del terciopelo de su traje. Es como una dulce melodía que le recuerda al sonido que provocaban los vestidos de seda de sus amantes cuando resbalaban por su piel. Le gustaba verlas desnudas, blancas e incorruptibles antes de dejar derramar su sangre. Eran como un lienzo un momento antes de deslizar el pincel. Eran tan hermosas y tan frágiles...
Cuando todo eso se acababa su interior parecía vaciarse. Era paradójico; mientras por sus venas circulaba el líquido de la vida, que le renovaba por completo, su alma quedaba huérfana, carente de intereses. Pocas cosas había que se satisficieran.

La ciudad se había convertido en un lugar muy decadente para vivir. Toda clase de vicios se agolpaban en cualquier esquina de las calles. La perversión y la indecencia se iban de la mano por la noche a pasear. Ellas eran las rameras de aquellos hombres que no esperan nada emocionante de sus tristes y aburridas vidas. Tomando el control de una mujer, poseyéndola, creían poseer el mundo. Pero ni eso tenían; el opio les había hecho perder toda conciencia de la realidad. Cuando despertaban de su vulgar sueño, la rutina diaria les parecía más burda todavía.

"Qué absurdo todo", pensaba, mientras el cielo se iba tiñendo de negro y pequeñas estrellas empezaban a resplandecer. Todo cuanto veía le parecía una especie de villa en miniatura. Le daba la sensación de poder aplastar las casas bajo sus pies, coger con una sola mano a sus habitantes y jugar con ellos antes de devorarlos, como el gato y el ratón. Incluso esos pensamientos le parecían soberanamente aburridos.

Mientras paseaba notaba cómo le contemplaban. No le gustaba del todo sentirse observado, pero la curiosidad y admiración de los mortales le alimentaban el ego; pronto le alimentarían de una forma mucho más prosaica...


M.

jueves, 8 de julio de 2010


"No hay error alguno en las creencias del hombre que no sea hijo de una verdad, y esto incluso tiene su encanto, pues las verdades positivas no tienen nada de halagador para la imaginación. Ésta, por el contrario, se halla tan enamorada de la mentira, que prefiere a la pintura de una emoción agradable, pero natural, una ilusión que espanta. Este último recurso del corazón humano, cansado de los sentimientos ordinarios, es lo que se llama género romántico."

Charles Nodier.

Nodier definió muy bien lo que era el Romanticismo en la literatura. Este género aportó las novelas y relatos más exquisitos del mundo de la escritura. Entre las obras románticas un subgénero, el vampírico. Los escritores que trataron esta materia fueron los primeros en describir de forma literaria las leyendas que durante siglos se han ido transmitiendo por las diferentes civilizaciones del mundo. Fueron los novelistas románticos los que dieron forma a los relatos vampíricos, los que han dejado escritas las verdaderas historias de vampiros.


¿Y por qué hablo del Romanticismo?


Mañana más.


M.