sábado, 1 de mayo de 2010

Miedo.

¿Qué haces cuando tienes miedo? ¿Cómo luchas contra esa sensación que te oprime el pecho y te provoca ganas de gritar, romper todo cuanto se te ponga por delante y luego esconderte?

Yo lloro.


Lloro hasta cansarme. Escondo la cara entre mis manos y dejo que las lágrimas resbalen por entre mis dedos. Sollozo y balbuceo y no me levanto hasta que las ganas de llorar no se me pasan. Últimamente he tenido mucho miedo. Por eso he llorado a menudo.

Él no dijo nada. Tan sólo la miraba y notaba que sus palabras se repetían en su cabeza. Su discurso era un mantra que volvía una y otra vez, palpitante. Cuando percibía la congoja en ella, inconscientemente se ponía en posición de alerta, pero no para protegerla de otros, sino para protegerla de ella misma. Ella, en sí misma, era la peor arma que podía empuñar, más aún si estaba triste. Una persona triste sin capacidad de autoconservación era capaz de hacer cualquier cosa. Él lo sabía, lo había vivido.


Ella dejó de hablar.

-¿Me estás escuchando?


silencio.


- Eh, vale, ya lo he captado. Ya veo que mis problemas te importan una mierda. Es fantástico. ¿Sabes qué? Últimamente vas mucho a lo tuyo. Es como si los demás te sobráramos. Pues muy bien. Yo me largo.


...


- No es eso. No te vayas. Espera un momento.


Ella se apoyó contra la pared, con las manos metidas en los bolsillos, esperando. Pronto comprendió que se trataba de algo más que fumarse un cigarrillo, o pegarle el último trago a la cerveza. Y se sentó.


-Yo... Cuando tengo miedo no sé hablar, no puedo. No soy capaz de articular palabra. Tal vez tenga algo que ver con mi infancia. Cuando era pequeño y me reñían, jamás me atreví a replicar, porque sabía que la siguiente reacción por parte de mi padre iba a ser una sonada bofetada. Por eso aprendí a callarme. Es como si, en cierto modo, me tragara el miedo. Respiro hondo unos minutos y a veces se va.


- ¿Y cuándo no se va?

- Suele irse. Sólo es cuestión de tiempo. El silencio calma, ¿no lo sabías? La gente le tiene mucho miedo al silencio; cree que cuando hace acto de presencia es porque algo malo ha pasado, o porque hay que estar serios, o cosas por el estilo. Y a veces el silencio es la mejor de las respuesta, el mejor de los bálsamos para la tristeza. Y en mi caso para el miedo.




silencio.



-Y ahora... ¿Por qué tienes miedo?

- Me pasa como a ti. Últimamente le tengo miedo a muchas cosas.


Ella le escrutó con la mirada.


- Tengo miedo de que llores, tengo miedo de tus lágrimas. Temo que vayas a enjugártelas a cualquier otro lugar que no sea yo. Yo quiero ser tu casa, y a veces me la la sensación de que no me dejas. Me asusta verte sufrir, y más si tengo la sospecha de haber sido yo el causante de ese sufrimiento.

- Y todo eso... ¿Por qué?




- Porque te quiero. Las personas, cuando quieren, tienen miedo, mucho. En este mundo todo es muy frágil, y cuando encuentras algo o alguien que de verdad te importa, temes que pase algo que te lo destruya.

- Eso nunca va a pasar, ¿y sabes el motivo?- Él negó con la cabeza- Porque nosotros no somos de este mundo.


Ella se acercó y se abrazaron. Y por un momento, el puente a las afueras de la ciudad en el que se hallaban les pareció el lugar más hermoso sobre la tierra.



M.


1 comentario:

Blonde Redhead dijo...

Me encanta cuando escribes estas entradas. Son muy profundas, sinceras y bonitas. ¿Quién no querría un amor así?

:))) Como dice Iskan, eres una crack.

¡Un abrazo enorme, guapa!