lunes, 31 de mayo de 2010

Sesión de fotos de una tarde cualquiera








Cada vez me gusta más que me hagan fotos.

Luz, sombras, perfecta combinación de tonos. Mi piel de lienzo, tus dedos de pincel

Y el disparo del flash.

Mientras escribo poesía miro el blanco y negro de la imagen.

Déjame demostrarte que cada día puede ser una caja de sorpresas.

Que una tarde cualquiera puede ser un sueño entre las sábanas.

El pasado, presente y futuro son lo que tú quieras que sean.

Mírame a mí. No soy la de ayer, ni la de hace dos años. Soy la de ahora, y nunca más la misma.

Duerme conmigo y verás que me transformo.

Mira cómo nazco ante un nuevo día.

Hagámoslo juntos.

Y hazme muchas, muchas fotos. Cada vez me gusta más.



M.

jueves, 27 de mayo de 2010

Fin

Hace diez minutos que he llegado a casa. Vengo de la última clase de la carrera, la última después de cinco años. Ha sido una clase muy "light", y mientras escuchaba a mis compañeros, que exponían sus trabajos, pensaba en lo rápido que ha pasado todo.
Estos días me he acordado mucho de cuando empecé, de mis miedos, de la incertidumbre, del vértigo. Era todo muy nueva y yo apenas era una cría de 18 años con ganas de empezar cosas nuevas y conocer a gente distinta. Ahora, a punto de cumplir los 23, miro atrás y me sorprendo de lo mucho que he cambiado. Creo que mis compañeros y yo hemos pasado por muchas cosas a lo largo de estos cinco años. Todos hemos aprendido bastantes cosas, relacionadas o no con la carrera. Yo me he hecho persona, dentro de la universidad, pero también al margen de ella. He conocido a personas que me han marcado profundamente, y otras que apenas lo han hecho. También me he despedido de otras, pero siempre mirando hacia delante, porque la carrera que tenía entre manos me daba muchas fuerzas para seguir, y la he defendido con uñas y dientes a quien intentaba atacarla. Por otro lado, hacer la licenciatura que he querido y que siempre me ha gustado ha sido increíble. He aprendido cosas y he accedido a escalones a los que ni me imaginaba subir. Ahora, muchos de mis compañeros y yo estamos a punto de llegar al último escalón. Me ha mucho vértigo pensar en ello; marea la idea de pensar que, tras cinco años de esfuerzos y trabajo, estoy a punto de conseguir lo que quiero. Cuando me den, junto con todos mis otros compañeros, ese gran papel en el que ponga que soy licenciada, llegará el momento de creérmelo.

Desde esta modesta nota quiero dar las gracias a todos mis compañeros de "camino". Todos hemos compartido momentos muy buenos y otros de tensión, pero al fin y al cabo, hemos compartido cinco años muy importantes de nuestras vidas y hemos crecido con ello. Ojalá a todos os vaya genial; ha sido un verdadero placer hacer esto con vosotros. ¡Nos veremos en la cena de "lisensiados"!

M.

sábado, 15 de mayo de 2010




(Ayer fui a Cultura Club a ver, de forma inédita, a Sexy Sadie, reunidos una vez más sólo para este concierto. ¡Fabulosos!)

lunes, 10 de mayo de 2010

Funambulista

Pintura: Cruz Molina http://mcmolina.artelista.com/


Una vez soñé que danzaba, perdida, en un alambre
No tenía red ni soporte,
tan sólo sombras sin lumbre

Soñé que mis pies se movían
con música inexistente
Y no sentía miedo, pero tampoco
alegría.

Me juzgues por mis sueños
no me señales por mi osadía
ni por no sentir miedo

Los sueños no son fantasía:
el abismo es el mundo
y las sombras, la vida.


M.

sábado, 1 de mayo de 2010

Miedo.

¿Qué haces cuando tienes miedo? ¿Cómo luchas contra esa sensación que te oprime el pecho y te provoca ganas de gritar, romper todo cuanto se te ponga por delante y luego esconderte?

Yo lloro.


Lloro hasta cansarme. Escondo la cara entre mis manos y dejo que las lágrimas resbalen por entre mis dedos. Sollozo y balbuceo y no me levanto hasta que las ganas de llorar no se me pasan. Últimamente he tenido mucho miedo. Por eso he llorado a menudo.

Él no dijo nada. Tan sólo la miraba y notaba que sus palabras se repetían en su cabeza. Su discurso era un mantra que volvía una y otra vez, palpitante. Cuando percibía la congoja en ella, inconscientemente se ponía en posición de alerta, pero no para protegerla de otros, sino para protegerla de ella misma. Ella, en sí misma, era la peor arma que podía empuñar, más aún si estaba triste. Una persona triste sin capacidad de autoconservación era capaz de hacer cualquier cosa. Él lo sabía, lo había vivido.


Ella dejó de hablar.

-¿Me estás escuchando?


silencio.


- Eh, vale, ya lo he captado. Ya veo que mis problemas te importan una mierda. Es fantástico. ¿Sabes qué? Últimamente vas mucho a lo tuyo. Es como si los demás te sobráramos. Pues muy bien. Yo me largo.


...


- No es eso. No te vayas. Espera un momento.


Ella se apoyó contra la pared, con las manos metidas en los bolsillos, esperando. Pronto comprendió que se trataba de algo más que fumarse un cigarrillo, o pegarle el último trago a la cerveza. Y se sentó.


-Yo... Cuando tengo miedo no sé hablar, no puedo. No soy capaz de articular palabra. Tal vez tenga algo que ver con mi infancia. Cuando era pequeño y me reñían, jamás me atreví a replicar, porque sabía que la siguiente reacción por parte de mi padre iba a ser una sonada bofetada. Por eso aprendí a callarme. Es como si, en cierto modo, me tragara el miedo. Respiro hondo unos minutos y a veces se va.


- ¿Y cuándo no se va?

- Suele irse. Sólo es cuestión de tiempo. El silencio calma, ¿no lo sabías? La gente le tiene mucho miedo al silencio; cree que cuando hace acto de presencia es porque algo malo ha pasado, o porque hay que estar serios, o cosas por el estilo. Y a veces el silencio es la mejor de las respuesta, el mejor de los bálsamos para la tristeza. Y en mi caso para el miedo.




silencio.



-Y ahora... ¿Por qué tienes miedo?

- Me pasa como a ti. Últimamente le tengo miedo a muchas cosas.


Ella le escrutó con la mirada.


- Tengo miedo de que llores, tengo miedo de tus lágrimas. Temo que vayas a enjugártelas a cualquier otro lugar que no sea yo. Yo quiero ser tu casa, y a veces me la la sensación de que no me dejas. Me asusta verte sufrir, y más si tengo la sospecha de haber sido yo el causante de ese sufrimiento.

- Y todo eso... ¿Por qué?




- Porque te quiero. Las personas, cuando quieren, tienen miedo, mucho. En este mundo todo es muy frágil, y cuando encuentras algo o alguien que de verdad te importa, temes que pase algo que te lo destruya.

- Eso nunca va a pasar, ¿y sabes el motivo?- Él negó con la cabeza- Porque nosotros no somos de este mundo.


Ella se acercó y se abrazaron. Y por un momento, el puente a las afueras de la ciudad en el que se hallaban les pareció el lugar más hermoso sobre la tierra.



M.