martes, 16 de febrero de 2010

"¿Qué es lo justo? ¿Y lo injusto?" Me preguntas mientras me miras apremiante, como si tuviera yo todas las respuestas. Lo que no sabes es que en realidad he dejado de buscarlas hace ya mucho tiempo. Todo es muy relativo. Sí, ya sé, no he descubierto nada nuevo. Eso lo dijo Einstein hace algún tiempito, pero estoy segura de que no era consciente de lo aplastante y terriblemente cierto de su afirmación.

Todo depende del cristal con que se mire.


Las verdades absolutas son tremendamente peligrosas, tanto si se pronuncian para uno mismo como hacia los demás. No nos creamos que nosotros no nos engañamos. Lo hacemos contínuamente

Siempre.


Vanos intentos de obtener valentía, falsa oscuridad en la mirada para dar aires de una soledad buscada, seguridad incierta que se desmorona al menor soplido. Todo ello puede atestiguarlo. Quien no se miente a sí mismo es aquel que no está contínuamente diciendo quién es. No lo necesita.


Luego están los gustos y las visiones variables. Lo que a uno puede parecer chachi, a la otra no, y viceversa.

Ojo, todo engaña a todo el mundo.

No hables de lo guapo que es mengano con tu novio delante. Porque sea "un tío" no quiere decir que no le moleste. Y no es gay, ni nada.

No hay chicos ni chicas, hay personas.


Fuera los clichés. Derribémoslos de un plumazo.

Desgraciadamente, aún queda bastante para eso. A la gente parece gustarle eso de encajonar cosas. Esto aquí, esto allá. Esta persona va en este lado, y a aquellos les coloco la etiqueta de esto otro. Por eso a la gente que no etiqueta me la guardo muy al fondo para que nadie más la encuentre.


Adoro el mundo, aunque parecezca un caos; yo soy la responsable de construir mis pasos, la que decide qué puede afectarle y qué no.


Como dijo el Doctor Adelaida, "me gustan las personas, no la gente"


M.

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