viernes, 5 de febrero de 2010





Por favor, muéstrame la calma que tanto te apacigua y dame paciencia para saber soportar esas pequeñas cosas que desquician mi alma.

Dime palabras tranquilas y suaves que acaricien mis oídos y sepan a nata y miel en mis labios.

Coge piedras de la playa, esas tan baqueteadas por las olas, e introdúcelas en mis bolsillos, para que ni el más huracanado de los vientos me transporte lejos.



Demuéstrame que, aunque el mundo se volviera cuerdo, nosotros seguiríamos igual de locos.


M.

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