viernes, 1 de enero de 2010





No todo el mundo tiene la suerte de estar en su casa, con la calefacción, tomando sus polvorones y brindando al son de la música de los especiales de Navidad de la televisión. No todo el mundo ha podido tomar las uvas con su familia y luego irse por ahí con los amigos, ni podrá recorrer las calles estos días, contemplando las luces navideñas y los escaparates. Por una causa u otra, mucha gente no podrá tener unas Navidades como nosotros. Hay gente que verá caer la nieve desde la ventana de un hospital. Otros notarán caer esa misma nieve sobre su piel, mientras se acurrucan en la puerta de un cajero. Otros, desgraciadamente, estarán achicando agua de sus casas, porque el temporal se lo ha llevado todo. Para ellos las fiestas no existen y, sinceramente, mientras haya gente que esté así, deberían ser menos fiestas para nosotros.
A veces soy egoísta y pienso en la mala suerte que tengo por tal o cual cosa, pero cuando miro a mi alrededor y veo todo lo que tengo, me entra mucha vergüenza. Es muy triste ver cómo nos pasamos la vida peleándonos por nimiedades, cuando en la otra parte del mundo una madre ve cómo no puede alimentar a su hijo en condiciones o sin ellas. Simplemente no puede hacerlo. Mientras, miles de niños juegan con sus nuevos juguetes y los adultos nos compramos cosas caras, porque "es Navidad". No es cierto; no para todo el mundo es Navidad.
No he sido nunca de elaborar la famosa lista de "propósitos para el Año Nuevo", pero creo que este año voy a hacer una excepción. Mi propósito, además, será válido para este año que acaba de empezar y para el que viene, y el siguiente...
Y para dar comienzo al 2010, dejo un pequeño relato:



"Qué hermosa es la felicidad", pensaba ella, mientras veía como se escurría entre sus manos, como el globo de feria que un niño pierde y ve cómo se alza hacia el cielo. Una no sabe si a veces ha soltado el cordelito del globo a propósito o, simplemente, no tenía fuerzas para sostenerlo. Aún así, la felicidad es realmente hermosa.
Ella se pone a caminar por la nieve. Está mojada, y la humedad le moja los bajos de los pantalones, generándole agradables escalofríos. Agradables, porque va con un precioso abrigo negro con flores de terciopelo grabadas y grandes botones negros. Así cualquiera. Ve por la calle miles de personas. Algunas le giran la cara y ella se extraña, pero sigue adelante. De repente, un puesto de churros. De chocolate, normales, con azúcar... Pide un cucurucho de churros con chocolate negro, paga y se sienta en un banco. Están calentitos. Cuando coge uno, cierra los ojos y espera unos segundos ante de probarlo. Abre la boca y lo saborea lentamente...


Delicioso.


Entonces, empieza a sonar una dulce melodía; un piano aparece al lado de la parada del autobús, a tan sólo unos metros de ella, y un cantante entona una letra que parece la de una nana. Ella sabe que se trata de su imaginación, pero aún así empieza a seguir la canción con su cierpo mientra se come ese maravilloso cucurucho de churros. La gente la mira, pero a ella no le importa.



Es feliz.



La felicidad más auténtica está en las cosas sencillas, puras y sin complicaciones.





P.D.: 2009 ha sido un año duro para una persona muy especial para mí, y por eso quiero dedicarle esta antrada y la canción a ella. A mi madre, por saber valorar las cosas más simples y por ser la persona tan increíble que es. Gracias por enseñarme a ser la persona que soy, a no achantarme ante las críticas ajenas y a ir por la vida con la cabeza bien alta.

Mamá, te quiero.


M.

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