lunes, 7 de diciembre de 2009

Tú, corazón.

Hola, corazón. Me encuentro en mi habitación, al amparo del suave calor que me otorga la chimenea, mientras la luz del atardecer baña estas palabras.
Allí afuera las cosas empeoran por momentos. La gente se odia, siente envidia por sus semejantes, se pelea, se mata. Cada vez mueren más personas a manos de otras por causas nimias. No importa el motivo; robar una vida siempre se abominable. Cuando pienso en ello me asusto. El mundo exterior cada ves me da más miedo. Si vienen estos pensamientos a mi mente, trato de imaginarme contigo. Me gusta reproducir el amanecer de un nuevo día, y verme a mí abriendo una puerta para observarte durmiendo. Tu cuerpo está cubierto por una gruesa manta, pero se adivinan tus contornos, suaves pero marcados. Es como si las ropas del lecho quisieran dibujarte y retener tu hermosura. Me acerco con ligerenza y te miro. Veo tu piel brillante y, al tocarla, mis manos se deslizan como si de seda se tratara. Me entran ganas de volver a acurrucarme junto a ti, pero el frío del invierno ya ha penetrado por las yemas de mis dedos hacia todo el cuerpo, y podría enfriarte. Me conformo con mirarte, sentir tu perfección. Sí, para mí todo lo que te conforma es perfecto, puesto que me haces feliz y siento una plenitud que nunca antes había sentido. De repente, te mueves, y tu cabeza se dirige hacia mí, como si ya hubieras intuído mi presencia. Abres los ojos perezosamente, y en la inmensidad de ese océano me pierdo mil veces antes de decirte "buenos días". Sonríes, y el aire se vuelve ligero y huele a dulce caramelo. Entonces, el mundo me parece menos malo.

Por eso me gusta reproducir tales sensaciones.


Pero hay que despertar, y enfrentarse a la vida.

Déjame que te diga, corazón, que este enfrentamiento me parece menos espantoso contigo a mi lado. Que el levantarme cada día pensando qué voy a encontrarme ya no supone un problema, porque sé que detrás de todo eso estás tú. Juntos hacemos frente al miedo; juntos hacemos un todo.
Así, poco a poco vamos creando nuestro mundo particular. Montados en una pequeña burbuja, nos paseamos por la realidad.

Así es como me gusta sentir la vida.

En el teatro que es esta vida, corazón, tú tienes el papel principal, y construyo los escenarios por y para nosotros. La entrada es gratis, y quien quiera puede sentarse a contemplar la obra, o subirse al escenario y regalarnos pétalos de rosas.


Dame la mano, hay que saludar al público...


M.


Este relato no tiene géneros. Cada uno puede colocar en los sitios que desee el género que le parezca apropiado. Este relato es un reflejo de sensaciones y del sentimiento más grande que existe: el amor. El amor es lo que mueve el mundo, y lo que puede arreglarlo

2 comentarios:

CALISTOR dijo...

Has empezado el texto con la prohibicion de la libertad al derecho a a la vida y has acabado en el placer de sentir el amor por la vida.
Parecera una tonteria pero al igual que tom hanks en naufrago necesitaba del cariño de su pelota wilsons,de sentirle al lado para engañar un poco la soledad, bien que necesitamos de apegarnos a algo , ya sea una persona o cosa, para seguir adelante a veces.

Buen post.

Iskandar dijo...

Muy bonitas tus dos últimas entradas, y profundas. Quien te conozca un poco sabe que las sientes de verdad. Admiro la desnudez que nos muestras de tu alma, sin tapujos, sin vergüenzas, desligada de pudores y haciendo gala de un amor propio vastísimo. Sigue así Macarena, dando ejemplo.

¡Un beso!

Y a ver para cuando ese café, que se hace de rogar.