jueves, 3 de diciembre de 2009

Crónica de un día distinto




Camino bajo el ambiente húmedo de este otoño atípico. Las calles mojadas me advierte que horas antes ha caído un intensa lluvia, pero hace tiempo que los chaparrones han dejado de asustarme. Ando sin miedo a resbalarme, segura, por una acera de altiplanos, como todas las aceras víctimas del Síndrome del Taladro; es un síntoma de que los políticos tienen el cerebro más agujereado que el propio y maltrecho pavimento.
Me dirijo a la parada del autobús, sin saber muy bien cuál voy a coger. Eso me recuerda a algunas charlas pseudofilosóficas que he mantenido en el bar de la universidad: la indecisión, acompañada de la inseguridad, propia o hacia los otros, es uno de los muchos males del ser humano. Ahora, mientras me paseo, me doy cuenta de que, cada vez más, disminuyen las cosas que me hacen sentir insegura. Lo cierto es que no hace mucho tiempo que tengo claro lo que quiero y a quién quiero. Mientras pateo las hojas pegadas en la acera, medito acerca de esta cuestión. Cuando somos felices y conscientes de que por fin estamos alcanzando aquello que, a veces sin quererlo, otras veces con plena conciencia, hemos estados buscando en la vida. Cuando nos sentimos llenos y tenemos la sensación de llegar a cierto tipo de plenitud, todo lo demás deja de tener importancia. Ya no es importante que tal o cual amigo sea así o asá, ni que no te devolvieran tu camiseta preferida, ni que aquella se te colara en la enfermería... Todo eso queda muy lejos, como un vago recuerdo. En cambio, sentimos el impulso de llenarnos los pulmones de aire y captar cada detalle que se nos presente ante nuestros ojos.

Cuando una posee la completa seguridad de que tiene y siente cosas maravillosas y nada podrá destruirlas, tiene la creencia de que es invencible.

Llego a la parada. Cojo un bus habré cogido, a lo sumo, dos veces en mi vida. Me deja a 10 minutos de mi destino. He elegido bien. Ahora, a por un libro para mi maravilla particular.


M.

3 comentarios:

Lyda de Lost dijo...

Da gusto leer este tipo de entradas...de esas que, cuando las terminas de leer, das un gran suspiro llenando los pulmones de aire...

Que "potito", me ha encantado.
Tengo ganas de tener esa sensación...

Un abrazo grande M!!

CALISTOR dijo...

Para mi, has descrito la sensacion de cuando uno se siente lleno y satisfecho emocionalmente, sea por haber conseguido algun objetivo o por el lado sentimental, estar con quien amas.En este segundo apunte, me he sentido bastantes veces y como bien dices, ya hubiera un barsa,madrid, tu pelicula preferida la ponen ese tarde o te ofrecieran cualquiera de esas cosas que tanto deseas, que en esos instantes todas estas necesidades, no tienen ni la mas minima importancia y solo quedan las ganas de sentir lo mas posible esa felicidad.

Te sigo leyendo el resto que da gusto leerte.

Fair Stalker dijo...

Es curioso porque esa sensacion de que los pequeños males y necesidades no importan solo la tenemos cuando estamos en plenitud y cuando estamos tan jodidos que no nos preocupa nada mas.
Me ha encantado lo del bus.