lunes, 30 de noviembre de 2009

La Navidad y otras mentiras

Se huele, se palpa. Se siente en el ambiente y se aprecia en las calles de la ciudad. La Navidad se está acercando, y los grandes almacenes se preparan para ello con sus mejores galas. Es tiempo de regalos, reuniones familiares, reencuentros, perdones...



A mí la Navidad no me gusta.



En primer lugar por lo obvio: ¿por qué la Navidad se celebra en las fechas que se celebran y no en otras? Porque unos cuantos hace muchos, muuuuchos años se reunieron y decidieron que Cristo nacía la noche del 24 al 25 de diciembre y que los Reyes venían en la madrugada del 5 al 6 de enero. Obviamente, es imposible nacer cuándo nació Jesús. En ninguna parte de las Escrituras figura ninguna fecha. Cuestión de convencionalismos que nosotros hemos heredado, adornados con toda la parafernalia que caracteriza la Navidad.
En segundo lugar, la Navidad tampoco me gusta porque me resultan las fechas más hipócritas del calendario. Normalmente la gente hace propósito de enmienda y sale a comer con sus familiares, llama al compañero que no traga y se promete retomar el contacto con el amigo al que no ve desde hace meses. Pero el resto del año, si te he visto no me acuerdo. A mí ya me cansan estas falsedades, esas personas que por delante pretenden conocerme y agasajarme, pero por detrás para ellos no soy más que un número de teléfono más en su agenda. O ni siquiera eso. Si no me hablas, no me hables, pero no hagamos que nos queremos mucho "porque es Navidad".
La tercera razón por la que no me gusta la Navidad es el increíble despilfarro que se lleva a cabo en estas fechas en comida, regalos, ropa y demás. Estamos en un momento de crisis, pero estos días la gente parece olvidarse y sale como impelida por una misteriosa fuerza a gastar compulsivamente. ¿Por qué tantos regalos? ¿Por qué comer hasta reventar? ¿Por qué gastarse un dineral en un vestido para Nochevieja que no volverás a ponerte en tu vida? Mientras, en la otra mitad del mundo, la gente se muere de hambre, y no tienen qué darle a sus hijos. Ni muñecas que hablan ni coches, ni bichos que se transforman. Y sus niños no cogerán un berrinche porque su padre le ha comprado ese muñeco y no el que tiene menganito, mucho más caro, claro está.

Sólo hay una cosa que me gusta de la Navidad: los dulces. Me pirran los polvorones de chocolate, turrón (turrón, no chocolate con arroz inflado) de chocolate, los bizcochos... Me paso la Navidad comiendo dulces, sentada en mi sofá con los míos, bien calentita, mientras la gente se parte los morros en comprar las colonias más caras o el vestido más hortera para dar envidia a sus amigas. También me gustan las reuniones familiares, porque asisto no sólo como miembro, sino también como espectadora. Me siento en el lugar que me asignan de la mesa, mientras veo cómo unos y otros hablan. Menos mal que siempre tengo cerca a alguien con quien comentar las anécdotas.



M.

3 comentarios:

Harlock dijo...

"Obviamente, es imposible nacer cuándo nació Jesús" ???
Supongo que querias decir saber.
No se sabe ni si existió como para saber cuando.

De acuerdo en todo y todo lo veo de la misma forma.

Lo del 25, si te interesa el tema es algo más complejo que eso, prepararé algo al respecto. Al igual que en los lugares religiosos "paganos" instauraban una cruz y ya lo habian cristianizado; con las celebraciónes, era más facil cambiar el motivo de la festividad que erradicar la fiesta pagana e instaurar otra cualquier otro día. Tradicionalmente se le adjudica a Horus ese día, pero hay mucho que decir al respecto.

No me enrollo más. Saludossss

Favole dijo...

gracias Harlock. A veces las prisas, mi torpeza o ambas cosas me llevan a cometer ciertos errores.
Sabía algo de lo que has explicado; muchas tardes a aburrimiento a veces me han llevado a buscar ese tipo de cosas que luego gustan decir en una reunión de amigos.

Un saludo:


M.

Hapi dijo...

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