lunes, 2 de noviembre de 2009

Halloween II: la Crónica


Hola, mis queridos amiguitos. Aunque no soy dada a este tipo de eventos, el sábado, noche de Halloween, me desplacé con mi Pelo-Seto a lugares concurridos, donde la juventud acudía con sus mejores galas y el alcohol corría a raudales. De esta curiosa experiencia sacamos diversas conclusiones. Primera: con brillantina y con cerveza, la gente pierde la cabeza. Segunda: parecía que nos habíamos colado en alguna película yanki, The Faculty, o una así. Tercera: había que realizar un estudio de todas las criaturitas que fuéramos encontrando. Y como yo soy una persona muy cumplidora, aquí tenéis mi modesta investigación:

Espécimen 1: Quiero y no puedo.
Es aquel ser que, ante la perspectiva de lucirse ante una multitud, intenta preparar un disfraz impactante, para así lograr ser el centro de todas las miradas. A final lo consigue, pero justo por su efecto contrario. A pesar de ello, la criatura no se da por vencida, y se pavonea ante la muchedumbre, que de forma hilarante no deja de reír ante su presencia. Tras su espaso éxito, que no comprende bajo ninguna manera, mete la cabeza bajo su capa y piensa "una noche es una noche". A armar jaleo se ha dicho.

Espécimen 2: Lo de toda la vida.
Esta gente recurre a los disfraces de siempre, los clásicos. Huyendo de innovaciones tipo el malo de Saw, Jocker (versión Heath Ledger, claro está) o Michael Jackson, siguen optando por los disfraces de toda la vida: bruja, vampiro, asesinos varios, zombies, el del pijama y batín... Está pugnando por entrar en esta categoría el disfraz de El Cuervo; el sábado no daba a basto para contarlos.

Espécimen 3: La innovación al poder.
Se trata de los seres contrarios a los del punto anterior. Como ya sabéis, no soy dada a este evento, pero he de reconocer que el sábado vi un par de disfraces que me parecieron absolutamente preciosos. Son personas que deciden apuntarse a la fiesta, y con todas sus consecuencias. Piensan que ya que tienen el valor de salir a la calle esa noche y pintarrejeados hasta las cejas (algunos literalmente), hay que hacerlo bien. Preparan su disfraz a conciencia y no omiten ningún detalle. Estos disfraces suelen despertar la admiración del resto, y razón no les falta.

Espécimen 4: Pechos fuera.
Estas criaturas son, a mi juicio las más extrañas, a la par que peligrosas. Las verás en toda fiesta de disfraces que se precie: botas de caña alta, falda o pantalones culeros (de los que dejan poco a la imaginación), y su seña de identidad: el corpiño rojo o negro de turno, cargado de encajes y apretado de tal manera que le harían subir a uno los higadillos hasta la boca. El resultado de tal entuerto es un pecho elevado hasta la exageración. Para colmo, normalmente las personitas que lo llevan suelen realizar movimientos y posturas que rozan lo grotesco por llamar, aún más si cabe la atención del público, masculino y femenino. Y si a eso le añadimos kilos de maquillaje, laca y lo rociamos con unos litros de ron con cola, el resultado puede ser explosivo.
Consejo: nunca, nunca, acerquéis una fuente de calor a estos seres. Las consecuencias pueden ser desastrosas.

Espécimen 4: El disfraz es lo de menos.
Hay gente que piensa que la fiesta es la fiesta, sea del tipo que sea. Y por ello, aunque sea Halloween, lo que menos importa es de qué te disfraces. Así, vemos personas que en la Víspera de Todos los Santos aparecen con su traje de la Primera Comunión, o con disfraces del tipo Mario Bros o personaje Disney. Ellos van a lo que van, y es a pasarlo bien. Halloween es sólo una excusa. Olé por ellos.

Espécimen 5: Esto va en serio.
En este grupo se encuentran los más graciosos. Son aquellos que se toman Halloween muy, muy en serio. Se presentan con sus mejores galas, disfraces estudiadísimos y con cara de "soy lo mejorcito que hay por aquí". Adoro aquellos que se trabajan los disfraces y se meten en el papel, pero éstos van más allá. Muchos de ellos, después de la fiesta, son capaces de ir a cementerio y hacer cosas chungas, como esas que se escuchan por la radio y salen al día siguiente en los reportajes de la televisión, del tipo "¿Qué hacen nuestros jóvenes?". Se visten de góticos, aunque no lo sean (ellos se lo creen), y juegan a llevar corpiños, tutús o chorreras. Su seriedad les hace hablar del importante significado de Halloween y lo banalizada que está la fiesta. Sí, vale, pero entonces... ¿Qué haces con estas pintas?

Espécimen 6: Pasando de todo.
Estas personas, sencillamente, pasan de Halloween. Bien porque creen que es algo que ni va ni viene con ellos, bien porque piensan que se ha perdido su sentido y es una americanada. he de admitir que yo me incluyo en este grupo. Puede que sea demasiado tiquismiquis con la Historia, pero no veo a los celtas en el Sahmain o a los colonos irlandeses vistiéndose de Jack el Destripador. Halloween es lo que es y, desde luego, no es lo que tenemos. Por eso gente de este tipo puede optar por quedarse en casa o por salir esa noche y ver, como mero espectador, lo que sucede. Eso segundo hice yo, y os puedo asegurar que me lo pasé genial. Sí, sin disfraz, alcohol ni nada.


Seguro que hay más especímenes clasificables, o se le ocurre alguno a más gente. Si es así, añadidlos en los comentarios. Se trata de una investigación colectiva; cuantos más ojos mejor.

Eso ha sido todo, por esta vez:


M.

3 comentarios:

Iskandar dijo...

Muy buena versión de los hechos Macarena. Me he reído mucho.
Yo quizá incluiría un especimen 7: Los anti-monstruos.

Son aquellos que alejándose por completo del motivo único de disfrazarse para asustar, han optado por intentar ligar con disfraz de monstruo incluído. Aquellas personas que nunca se disfrazarían de Frankestein, o de bruja (por que la berruga queda horrible, dirían, caray, ¡pero si ese es el fin!)Nunca se tintarían de negro algún diente, ni usarían sombras de ojos que desmejoraran sus rostros de Tommy Hilfiguer (o como se escriba). En lugar de eso, utilizan este día como plataforma para lucir más sus bellezas, para ver si ligan vamos. Suelen dibujarse de Cuervo ellos, y de Vampira calentona ellas, con labios muy rojos, pechos sacados (como muy bien dices tú Macarena)y como mucho un hilillo de sangre en los labios, que es más lascivo que terrorífico. Éstas criaturas solo asustan a sus padres cuando salen de casa tan desprovistas de ropa.


Un abrazo

Anónimo dijo...

bueno
cuantos siglos tiene que tener algo para ser respetable
me pregunto
y tambien me pregunto que mas da si es yanki o latino si lo que cuenta es pasarlo bien sin hacer daño a nadie
y por que la misma gente que ve bien el nudismo integral es la misma que se escandaliza ante un pirsing o un atuendo provocativo
pues que cosas pero resulta que los mismos que critican halowin son los que si les preguntas si les parece bien el nudismo diran que si

Favole dijo...

¿me lo puede repetir, por favor? ¿Nudismo y Halloween? ¿Qué tiene que ver el tocino con la velocidad?

P.D.: sí, yo estoy a favor del nudismo.