viernes, 6 de noviembre de 2009

Ella en la casa de Mamá Elfa.




Inició una carrera precipitada. Buscaba el exterior, la salida, un lugar donde porder escapar y huir. Sólo quería salir de aquel agujero y refugiarse en un lugar que no fuera su casa. Mientras daba grandes zancadas en dirección a la puerta, oyó un grito desgarrador, casi suplicante:

- ¡No me pises lo fregado!

No hizo caso a ese alarido y, cuando tiró del pomo hacia dentro, se dio de bruces con una chica. Por lo visto, estaba dispuesta a llamar al timbre, pero su ímpetu la había sorprendido.

No pudo evitar el choque y cayeron al suelo. Ambos se miraban con una mezcla de extrañeza y curiosidad, como si no hubieran visto algo parecido en toda su vida. Él tuvo que admitirlo: la muchacha era muy hermosa. Lejos de marcharse, se incorporó rápidamente del suelo y le ayudó a levantarse.

- Gra... gracias...
- ¿Podemos ayudarte en algo? Parecía que ibas a llamar...
- Sí, es que... Ando algo perdida y quisiera saber si vosotros podríais ayudarme.

Él no se lo pensó dos veces y la hizoi pasar. La señora que antes había chillado ya no era visible, pero sus imprecaciones y exabruptos se oían desde la distancia. Él intentó restarle importancia.

- ¿Quién es?
- Es... Mi madre.

Mientras se confesaba, el chico se fue ruborizando lentamente. Odiaba tener que reconocer que aún vivía con su madre. Él, un ser que soñaba con la independencia...
Mientras intentaba explicarse, la criatura materna apareció:

- ¡Me paso el día limpiando y fregando la casa como un esclava! Y tú, ¿qué haces? ¡Nada! ¡Te pasas el día pavoneándote delante de las chicas con el carcaj al hombro y diciendo que eres alguien! ¿Y qué te dije de las visitas? ¿Quién es esta chica? ¿Otra de tus heroínas?

Ante tales chillidos, la joven se levantó, antes de que él se decidiera a dar la réplica. Por lo que veía, este tipo de problemas familiares no eran comunes sólo en humanos...

- Me llamo Ella, señora, y he venido porque me he perdido. Lamento mucho las molestias...
- ¡Hombre, al menos eres educada! No me extraña que te hayas perdido. ¿Qué hace una humana en el País de los Elfos?

- Es una larga historia...

La mamá elfa torció la nariz

- Bueno, tenemos mucho tiempo... Siéntate, hija, que voy a preparar un poco de té.

[...]

- Así que sois elfos... Vaya, siempre he sentido una tremenda curiosidad por vosotros. Por las novelas de fantasía, ya sabéis...

Jim empezó a ponerse nervioso.

- Oh, no... Más tópicos no... Bueno, algún día tenía que volver a ocurrir. Vamos, dispara.
- Por ejemplo, ¿qué es eso de los elfos oscuros y el resto de elfos? Es algo así como "elfos buenos" y "elfos malos"? ¿Y eso de los elfos-vampiros? ¿Qué os parece el tratamiento que se os ha dado en la literatura? Oh, estoy taaannn ansiosa...

(Ella tuvo que callarse para evitar que su vena adolescente saliera a la luz)

Mamá Elfa mandó callar a su retoño y empezó su discurso:

- ¿"Elfos buenos" "elfos malos"? ¡JA! Patrañas... No son más que algo así como los partidos políticos que tenéis los humanos. Estamos hartos de que se nos encasille con este tipo de mentiras, que no hacen más que desprestigiarnos. De hecho, los elfos oscuros han creado una plataforma llamada Plataforma por la Tolerancia de los Elfos Oscuros, en los que reclaman sus derechos y el castigo para los racistas. En cuanto a los elfos-vampiros... Todo fue debido a Betsy Jones, una elfa de... Digamos de vida alegre, que mantuvo relaciones con un vampirito de poca monta, pero la cosa no llegó a nada. Pero claro, a los gotiquillos (¿se dice así?) que tenéis entre los vuestros les hizo "ilu" y mira... Una gran cagada. Pero qué le vamos a hacer. Y mira, de literatura no quiero hablar; ése es un asunto muy peliagudo.

Jim la interrumpió.

-¡Que conste que a mí me gustan algunas novelas fantásticas, pero vosotros los humanos estáis locos! ¡Empezáis por cuentos y acabáis haciendo reuniones en las que todos vais disfrazados y con orejas postizas! ¡Es denigrante para los de nuestra raza!

Ella enarcó una ceja.

- Una pregunta: ¿de dónde viene tu nombre de Jim?



(Silencio atronador. Tensión. Nervios)




- Me lo cambié cuando cumplí los dieciséis. Es... Es... Por Jim Morrison.



Y las carcajadas de Mamá Elfa retumbaron por toda la casa.


M.

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