miércoles, 28 de octubre de 2009

Una de zombies

Imagen: http://acreofindependence.files.wordpress.com




Ella... Ella no tiene nombre, o puede tener el que tú quieras.

Pongamos que se llama X, María, Jenny... Aquí la llamaremos Ella.

Pero vayamos a lo importante.

Vive en un pequeño apartamento de alquier a unos diez minutos de la ciudad, sola, con su perro como única compañía. El amor no ha sido nunca uno de sus fuertes, y eso no iba a cambiar ahora de golpe. Trabaja en una biblioteca. Tampoco aspira a mucho más. No tiene grandes metas; tan sólo trabajar para vivir, salir de vez en cuando y ser feliz en la medida de lo posible. A ella le bastan con eso. Es una persona sencilla, sin grandes recobecos. No le gustaría ser más guapa o más lista. Le gusta lo que ve en el espejo cada mañana.

Le gusta sacar a su perro al mediodía, cuando viene de su trabajo. Lo pasea por los alrededores de su casa, donde hay un par de parques. A esas horas abundan los chavales que salen del instituto y se sientan en los bancos a comer pipas y a hablar de gobernar el mundo poniendo reggeaton por megafonía. Ella es tan suya que los evita. Siente una especia de extraño temor a que algo? que desconoce suceda. No sabe si lo que realmente le sucede es que no se atreve a reconocer que esos chicos le infunden respeto/miedo. Es entonces cuando su perro le mira con cara de no comprender, mientras piensa que su ama tiene un déficit de vitamina C, que le genera ese tipo de comportamiento. Cuando a Ella le invaden ese tipo de dudas y miedos varios, camina. Camina y camina sin parar, y es entonces cuando su perro se plantea seriamente mudarse con su madre. Pero pese a las quejas de su perro, Ella no deja de caminar hasta que, sin motivo aparente, se detiene. Pero claro, ahora tiene que pasar delante de esos chicos, o de la vecina que siempre le mira mal, o del hombre al que sin querer le golpeó el coche mientras aparcaba ( aunque él no sabe que ha sido ella)


...


Uf...



Para estos casos, Ella tiene un mecanismo: se imagina que todas y cada una de las personas con las que puede encontrarse son zombies. Sí, zombies. Ella entonces se convierte en la heroína de una película de serie B en la que, para salvar al mundo, debe ir corriendo a su guarida (su casa), apretar un botón (el mando de la tele), que accionará un explosivo, que hará que todos esos nauseabundos seres desaparezcan. Así, los que antes eran púberes, ahora son hordas de zombies babeantes que entre esputo y esputo vomitan sangre. Lo que sale de sus bocas no es el humo de los cigarrillos, sino los vapores de su cuerpo en descomposición. Imagina cómo esos hombres y mujeres zombies le persiguen con el objetivo de reducirla a una masa de carne entre sus dientes. Nota como su pulso se acelera, y pequeñas gotitas de sudor empiezan a hacer acto de presencia. Justo cuando su perro encontraba el lugar apropiado para dejar su olorosa impronta, Ella aligerá el paso, hasta el punto de iniciar una pequeña e inapreciable carrera.



El perro ya la odia del todo.



Cuando llega al portal de su cas... guarida, está jadeante. Sonríe, satisfecha. Rápidamente, entra y cierra la puerta.

No vaya a ser que venga algún zombie a decirle que baje el volumen de la televisión.



M.

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