lunes, 28 de septiembre de 2009

Declaración de intenciones.



"Soy joven. Mi rostro y mi mirada me delatan. Aún conservo un destello de inocencia en mis ojos, y puedo sonrojarme con facilidad. Pese a ello, soy lo suficientemente adulta como para haber visto algo del mundo. Siempre he ansiado conocer lugares nuevos, rincones insospechados. Gente que me hiciera palpitar, soñar o, simplemente, sonreír. Nunca me ha gustado quedarme en mi cueva esperando el milagro que me hiciera despertar de mi propio mundo. He salido a buscarlo yo solita, aventurándome a conocer, sin miedo a nada. Así, he visto muchas cosas, y también he asistido a desgracias que harían temblar de tristeza a cualquiera. He estado a punto de presenciar mi propia muerte, y he visto la de otros. A algunas personas no las olvidaré jamás. Otras se perderán en la inercia del olvido, haciendo que ya no recuerde ni siquiera los buenos momentos que pasé con ellas. Algunas otras me han hecho sufrir, pero no guardo rencor a nadie, y mucho menos las odio; odiar es un verbo muy feo para una vida en la que duramos un suspiro. Del mismo modo, he amado mucho y locamente. He amado creyendo que en cualquier momento todo iba a irse al garete, y me alegro tremendamente de ello. Mis ánimos viscerales y pasionales me han llevado a veces a personas equivocadas, pero no me arrepiento de ello. He hecho mucho el amor y también me lo han hecho a mí. El sexo sigue siendo para mí una forma de expresión, la más hermosa que existe para una pareja. No concibo el sexo sin amor, aunque sé que existe, por lo que jamás he tenido sexo con nadie sin haber tenido alguna clase de sentimiento por esa persona, por poco o mucho que más adelante perdurara en el tiempo ese sentimiento.
He ido saltanto de proyecto en proyecto, entusiasmándome con unos, desechando y cansándome de otros. He leído multitud de libros, y me he pasado horas y horas en una biblioteca, leyendo sin parar, porque pienso que leer es una de las mayores fuentes de sabiduría.
Así, he vivido sin miedo pero con prudencia, abriendo los ojos de par en par ante cada nueva experiencia que se me presentaba.

Así lo conocí a él, y así he conocido también mi nueva vida.

He visto una nueva realidad y una nueva persona en mí. He aprendido a valorarme, y a no tolerar que los demás me menosprecien. He dejado atrás a muchos amigos. Y no los echaré de menos. ¿No te ha pedido el cuerpo alguna vez un cambio? ¿No has notado alguna vez cómo tu interior viraba y giraba el timón hacia un destino desconocido? Eso me ha sucedido a mí. Y vivo feliz sin tener que darle explicaciones a nadie de mi persona, más que a quienes de verdad les importo. He decidido dejar atrás mis temores, y enfrentarme a las cosas con valentía y, sin remilgos, cerrar lo que me produzca dolor.

Cortar las cuerdas, soltar amarras.


Ser yo misma.


A pesar de todo lo que he vivido... ¡Me he perdido tantas cosas por aguantar preocupaciones innecesarias!

Llegó el momento de respirar profundamente, relajarse y llevar a cabo todo lo que siempre he querido y he buscado.

Ahora que le encontré a él, voy a darle todo lo que se merece, voy a hacerle feliz. También voy a perseguir mis sueños y me voy a convertir en lo que quiero. Voy a amar a los míos como necesiten, y voy a reencontrarme con mis amigos de verdad. Voy a crear un hogar, donde sólo estemos él y yo. Donde la vida, más allá de las puertas de nuestra casa, nos parezca un chiste.

He decidido quererme a mí y más aún a mi entorno, y no importa el tiempo que invierta en ello.



Lo conseguiré."



M.


(algo que necesitaba escribir hace mucho, mucho tiempo. Sé que alguno/a se se sentirá comprendido/a por estas palabras.)

Y en cuanto a ti... GRACIAS

jueves, 24 de septiembre de 2009

Alerta Pingüina

¡Eh, tú!

Quería informar que ya está colgado en la web el número 1 de Alerta Pingüina. Para los rezagados, la web es alertapinguina.ning.com
Este número contiene alguna cosa interesante, sobre todo para los que sepan francés... ¡Ahí lo dejo! Además de colgarlo en la página, vamos a reiniciar nuestra "gran" distribución por los puntos culturales y de ocio de Palma, así que ojito
Dentro de poco tendremos novedades, de las que iremos informando por la web.

Besos babosos


M. (o la Niña de la Selva)

sábado, 19 de septiembre de 2009

Y tú, ¿cómo hubieras matado a Hitler?



Ayer fui a ver Malditos Bastardos, la nueva película de Quentin Tarantino (quien, por cierto, ha ido al festival de San Sebastián con Brad Pitt a promocionarla). El film va nazis. Y de judíos que matan a nazis. Para ser más concreta: la película se centra en la Segunda Guerra Mundial, y sobre todo en la ocupación nazi de Francia. Mientras un Hitler, caracterizado como histérico, neurótico y un tanto desequilibrado, va haciendo de las suyas, un grupo de norteamericanos de familias judías se dedica a matar a todo aquel nazi que se le ponga por delante, y no sólo eso. Les cortan las cabelleras. A la cabeza de tan peculiar grupo se sitúa Aldo Raine (Pitt), cuya premisa básica es asesinar a los asesinos. Mientras tanto, en París, una joven llamada Emmanuelle Mimieux, propietaria de un cine, se ve obligada a enfrentarse a los fantasmas de su no tan lejano pasado cuando Goebbels, Ministro de Propaganda y nuevo controlador de la industria cinematográfica alemana, decide estrenar su nueva película en su cine. Mimi eux no está dispuesta a desaprovechar tamaña oportunidad...

En esta película, Tarantino mantiene su estilo único, intercalando en medio de la historia escenas propias de un film de serie B. Sin embargo, el director ha sabido reinventarse, creando una historia muy seria y absurda al mismo tiempo. Mezcla dramatismo y surrealismo a partes iguales, respetando la memoria de tantos que murieron bajo la dominación nazi y a la vez riéndose de los teutones. No falta, por supuesto, el explícito derramamiento de sangre, aunque Tarantino es, a mi jucio, uno de los únicos directores que con esa clase de escenas consigue del espectador una arcada y una carcajada simultáneas. Con esta cinta, Tarantino ha modificado los hechos de una manera divertida. Ha sido algo así como "esto es lo que habría sucedido si yo hubiera tenido el poder". Cuando vayáis a verla, comprobaréis que en realidad era lo que nos hubiera gustado a todos.
Para mí, el director ha cruzado una nueva barrera. Ha sabido compaginar a la perfección una trama dura con el humor sarcástico y muy a menudo con tintes de negrura. Pienso que es una de las grandes películas que Quentin ha dirigido. Se ha atrevido a tocar un tema espinoso, hasta ahora siempre tratado bajo el cristal del drama, y le ha dado un giro de 180 grados. Ha reinventado la historia y le ha echado imaginación. Y tú, ¿como hubieras matado a Hitler?


M.

viernes, 11 de septiembre de 2009

La Sociedad del Espectáculo






Gracias a una charla con uno de mis profesores preferidos, me ha venido a la mente este libro de Guy Debord y con él, montones de ideas de la sociedad en la que vivimos.
Ciertamente, vivimos en una sociedad del espectáculo. Una sociedad en la que, si no eres artificioso y no llevas a cabo actos que te hagan salir en los periódicos, no eres nada. La gente se mata por hacer espectáculo, por montar ese show que le haga salir en la foto de la manera más favorecida posible. O no, pero al menos ha salido. Hoy en día se estriba eso, el "mucho ruido y pocas nueces". El peligro estriba en que puedes salir en las noticias sin haber hecho nada. O peor aún, habiendo hecho una bazofia innombrable y venderla como si fuera purito arte. Hablando de arte: en este ámbito el espectáculo gratuito abunda. Lo principal es llamar la atención, tener algo que mostrarle a tu público. Por algo no me refiero a algún tipo de obra. No, no. Me refiero a una cara, a ser posible nueva, con una mentira nueva, que enganche. ¿Que luego no se hace realidad? Bueno, ya te encargarás tu solito de hundirte, pero oye, chico, al menos has tenido tu minuto de gloria. Alguien habrá pronunciado tu nombre en algún bar al hojear (que no ojear, de significado distinto) el diario. Pero al día siguiente tu foto no será guardada, sino que servirá para envolver la sobrasada. Ese es el peligro de vivir del espectáculo: tarde o temprano, el vulgo acaba reclamando una obra palpable, tangible, y si no la tienes, te tiran a la basura, junto con los otros pseudodibujantes, pseudoilustradores, pseudoescritores, pseudoactores, y un largo etcétera.
Para saber mantenerse hay que tener paciencia. Y para llegar a ese punto hay que crear. ¿Espectáculo? El justo. Para montar número ya están los mimos, gracias.



M.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

Muret, 1213









... Los caballeros franceses avanzaban lentamente por las llanuras del Languedoc, buscando la batalla. El Papa había dado su aprobación. Es más, había calificado ese enfrentamiento como cruzada necesaria contra el infiel cátaro. La Cristiandad entera estaba pendiente de sus hazañas, era hora de actuar.
Los jinetes, perfectamente pertrechados, iban a lomos de su caballo con la vista fija en el horizonte, en la guerra y en el objetivo. Aquellos albigenses iban a ser desposeídos de sus tierras y ellos, los fieles, los llamados a tomar el poder, la ocuparían.
En una colina, a apenas unos metros de la expedición, Simón de Monfort se aseguraba que todo saliera según el plan previsto. El visto bueno de su santidad, por una parte, y el pacto realizado con Pedro el Católico, por otra, le auguraban un feliz desenlace. Aunque, según sus mensajeros y las noticias recibidas, todo apuntaba a que el rey de Aragón iba a enfrentarse a él para evitar la cruzada, Simón de Monfort sabía perfectamente que no iba a romper lo pactado. Según dicho acuerdo, su hijo, Jaime, contraería matrimonio con su hija. Es más, Monfort había obtenido la custodia del joven Jaime. Claro que, teniendo el cuenta el hecho de que estaba llamado a suceder a su padre y ser rey de Aragón, Monfort no iba a cometer la locura de hacerle algún daño a ese todavía niño.
A pesar de esa ventajosa jugada, a Monfort lo que le interesaba de verdad eran las tierras que estaba a punto de conseguir. Con la excusa de una cruzada y fertientes creencias religiosas, por fin se iba a hacer con el sur de Francia, tan preciada por los reyes franceses, sobre todo en estos últimos años de intrigas y peleas con los más variados condes. Ahora la vistoria iba a ser suya.
A lo lejos comenzaba a percibirse el reducto albigense que los franceses estaban a punto de pasar por sangre y fuego. empezaba a olerse el humo de las fogatas, la chamusquina que desprende el entrechocar de las espadas. Los tambores resonaban al ritmo del paso de los caballeros, que empezaban a disminuir la velocidad. El movimiento entre los enemigos podía percibirse. Apenas alguna fortaleza, alguna defensa predecible. Simón de Monfort sonrió para sus adentros. Los tambores dejaron de sonar. Una señal suya, y sus hombres atacarían.

Se preparó para alzar el brazo.



El asedio estaba a punto de comenzar.



M.

lunes, 7 de septiembre de 2009