lunes, 24 de agosto de 2009

Cuenta cuentos

Una ráfaga de aire gélido petrificó su rostro dejando, para siempre, aquella imagen congelada en su memoria. El viento heló su expresión, yp or un momento pensó que no podría ni pestañear. No sabía si tenía miedo, pavor o simplemente no podía sentir nada. Por un momento jugó a hacer pasar esas imágenes por su cabeza, como si de una mera espectadora se tratara, pero le faltaba el aire suficiente como para que sus pensamientos viajaran a través de los conductos neuronales.

Tenía frío.


Y no sólo en el cuerpo.


Confusa, empezó a caminar por entre la nieve, hundiendo sus pies en el hielo y el suave polvo blanco. No quería mirar hacia atrás, o no sabía si quería. Bastante tendría ya con almacenar todo aquello en su cabeza el resto de su vida.

Las cosas había ido demasiado lejos. Hace unas horas pensaba en formar una familia, y ahora huye, preocupada y temerosa de su propia supervivencia. Hay ciertas rivalidades que deberían congelarse en el tiempo y desaparecer, engullidas por su propia impotencia de materializarse.
Hay cosas que no deberían existir nunca, y si existieran, debería ser en un lugar muy lejano, donde nadie nunca pudiera llegar a ellas.

Notaba cómo el viento le golpeaba la nuca y ondeaba sus cabellos, como unas banderas sin patria. Ella nunca había pertenecido a nada ni a nadie. No había tierra que pudiera decir que fuese suya, salvo la de su propia tumba. Y era triste, porque no lograba recordar de dónde era. Había pasado tanto tiempo que no recordaba ni su propia muerte. Al principio eso le había horrorizado, pero ahora era una hecho que padecía incólume, sin atisbo de dolor. Sin embargo, esto le había desbordado.

En un impulso que no pudo controlar, miro hacia atrás. Él seguía ahí, pero ahora estaba oculto entre las sombras de los árboles. Sabía que la estaba observando. También vio la sangre deslizarse por el hielo. En su mezcla con el blanco, había adquirido un tono más oscuro, como carmesí, haciendo que el contraste fuera aún más terrible. Y eso que ella se alimentaba de ese líquido...

Sin pensárselo dos veces, echó a correr. Se odiaba a sí misma, odiaba lo que era. Ver la sangre de su hermano derramada por el níveo suelo le provocó el asco, y más al pensar que acababa de ser asesinado por otro vampiro.

Lo que ella misma era.


Y no lo había impedido.


M.

2 comentarios:

Darka Treake dijo...

wwoouuu, que bueno.
mantienes en vilo hasta el final, que lo sueltas y comprendes el resto como un remolino.

me ha gustado mucho!!

parece que te has dejado caer por el Cuentacuentos, es una gran iniciativa.
Yo hace mucho que ando por ahí, aunque ultimamente les escribo poco.
esta frase es buena, sip.

Pero oye, ahora tienes que dejarles un comment en el foro, para que la gente sepa que has participado y vengan y te lean.
En esta sección del foro:

http://elcuentacuentos.com/foro/index.php?topic=1473.0

un saludote!!
Darka.

Iskandar dijo...

¡Macarena!
Hacía tiempo que no te dejaba comentarios. ¿Cómo te gustan los vampiros, eh? Qúe bueno, que siga así, que, a pesar de que sea un género prostituido, como tu dices, podamos rescatarlo de entre los muertos (Poe, Baudelaire, Crawford, Bloch,etc.)

¡Un saludo!