miércoles, 22 de julio de 2009






Estaba feliz. Podía notar cómo el aire le acariciaba la cara y se le ponía la piel de gallina. El cielo ya había adquirido ese tono morado que tanto le gustaba, y las nubes parecían bestias afables que le sonreían al pasar. Estaba tan ensimismado que tuvo que agarrarse bien fuerte en un giro para evitar caerse. No todos los días uno puede volar...

Lo había conseguido. Ahora debía decírselo a su padre, antes de que las cosas se complicarán más todavía. Mientras meditaba, intentó ver en Luzbel algún atisbo de emoción, pero supuso que bastante tenía ya con mantener la velocidad de crucero. Nunca pensó que un ser que otrora fue humano pudiera volar, pero pronto se percató de que había subestimado al vampiro. Bueno, vampiro por introducirlo dentro de alguna categoría, porque en realidad no sabía muy bien cómo calificarlo. Esta maldita manía de los hombres de encajonar absolutamente todo...

Habían acontecido muchas cosas, y suerte había tenido de encontrarse a Luzbel en el camino. Gracias a él se había dado cuenta de que ni todos lo vampiros son seres sedientos de sangre, ni todos los humanos son pobres víctimas inocentes. Sino, que se lo digan a su padre.

Poco a poco había ido superando las náuseas iniciales el viaje y ahora lo estaba disfrutando plenamente. Cuando miraba hacia el suelo, le daba la sensación de que las casas le saludaban o le dedicaban algún tipo de expresión. Había algo de mágico en todo ello. Y no, no estaba bajo los efectos de ningún psicotrópico... Eso lo había dejado hacía mucho tiempo.

Sabía que después de aquello nada volvería a ser como antes. Imposible. Ahora almacenaba en su mente una serie de conocimientos y realidades que le hacían replantearse todo en lo que había creído hasta ahora. Su antes cuadriculada cabeza era ahora uns caja en la que cabían todo tipo de posibilidades. Un bolso de Mary Poppins a lo bestia.

Luzbel iniciaba el descenso, y le pareció oír que le decía "cuidado", pero cuando iba a preguntarle "¿¿Quéeeeee??" empezó a ver borroso y notó que el estómago le subía hasta la garganta para saludarle.

Demasiado tarde para cualquier tipo de reacción. Su cerebró se nubló y se negó a hacer cualquier tipo de esfuerzo. Era hora de agarrarse bien y cerrar la boca para evitar la salida de cualquier tipo de fluido desagradable...


M.


(fragmento de la nueva novela, aún sin título)

1 comentario:

Darka Treake dijo...

ajajaja

¿Pero vomitó o no??
Ya nos hablarás de este nuevo proyecto... :)

Y las Lágrimas del Monstruo??
La semana que viene al registro! y después quiero una copia!!!

1bsito!
Darka.