viernes, 31 de julio de 2009

Los bosques


Imagen: www.britania.tk










(...) Toda la comarca estaba asediada por enormes bosques, cuyos ramajes se alzaban y ondeaban con el viento invernal. Las plantas eran de un verde intensísimo, encendido por los rayos del sol. Eran el refugio y el peligro, al mismo tiempo.



En los bosques más frondosos sólo penetraban lo más temerarios, pero especialmente los druidas. Éstos, en sus ceremonias, conversaban con los espíritus que los habitaban, y desentrañaban aquellas incógnitas que el hombre común poseía.


Los druidas consideraban que los bosques eran seres vivos, con alma, que guardaban secretos que sólo ellos podían conocer. Así, ese silbido que se escuchaba al paso de las brisas no eran más que los susurros de aquellos que qúerían desvelar sus misterios.
Los bosques también alertaban a los druidas de cualquier tipo de peligro. Por ello, ante las inesperadas ventiscas, que habían generado la caída de algunos árboles, los druidas estaban asustados...





Los Ecos de Dragandel





M.






P.D.: ¡Alerta Pingüina se pone en marcha! Más información en breve

viernes, 24 de julio de 2009

Hola a todos:

Hoy mi entrada va a linkear a otra que considero sumamente interesante. Pienso lo mismo, y no podría haberlo escrito mejor. Se trata de una entrada del Blog de Misaoshi, que además recomiendo. Hay cosas muy interesantes


http://lasparanoiasdemisa.blogspot.com/2008/11/me-indigna.html


Un beso a todos:


M.

miércoles, 22 de julio de 2009






Estaba feliz. Podía notar cómo el aire le acariciaba la cara y se le ponía la piel de gallina. El cielo ya había adquirido ese tono morado que tanto le gustaba, y las nubes parecían bestias afables que le sonreían al pasar. Estaba tan ensimismado que tuvo que agarrarse bien fuerte en un giro para evitar caerse. No todos los días uno puede volar...

Lo había conseguido. Ahora debía decírselo a su padre, antes de que las cosas se complicarán más todavía. Mientras meditaba, intentó ver en Luzbel algún atisbo de emoción, pero supuso que bastante tenía ya con mantener la velocidad de crucero. Nunca pensó que un ser que otrora fue humano pudiera volar, pero pronto se percató de que había subestimado al vampiro. Bueno, vampiro por introducirlo dentro de alguna categoría, porque en realidad no sabía muy bien cómo calificarlo. Esta maldita manía de los hombres de encajonar absolutamente todo...

Habían acontecido muchas cosas, y suerte había tenido de encontrarse a Luzbel en el camino. Gracias a él se había dado cuenta de que ni todos lo vampiros son seres sedientos de sangre, ni todos los humanos son pobres víctimas inocentes. Sino, que se lo digan a su padre.

Poco a poco había ido superando las náuseas iniciales el viaje y ahora lo estaba disfrutando plenamente. Cuando miraba hacia el suelo, le daba la sensación de que las casas le saludaban o le dedicaban algún tipo de expresión. Había algo de mágico en todo ello. Y no, no estaba bajo los efectos de ningún psicotrópico... Eso lo había dejado hacía mucho tiempo.

Sabía que después de aquello nada volvería a ser como antes. Imposible. Ahora almacenaba en su mente una serie de conocimientos y realidades que le hacían replantearse todo en lo que había creído hasta ahora. Su antes cuadriculada cabeza era ahora uns caja en la que cabían todo tipo de posibilidades. Un bolso de Mary Poppins a lo bestia.

Luzbel iniciaba el descenso, y le pareció oír que le decía "cuidado", pero cuando iba a preguntarle "¿¿Quéeeeee??" empezó a ver borroso y notó que el estómago le subía hasta la garganta para saludarle.

Demasiado tarde para cualquier tipo de reacción. Su cerebró se nubló y se negó a hacer cualquier tipo de esfuerzo. Era hora de agarrarse bien y cerrar la boca para evitar la salida de cualquier tipo de fluido desagradable...


M.


(fragmento de la nueva novela, aún sin título)

lunes, 13 de julio de 2009

Poesía prosaica




Eres como ese haz de luz que atraviesa el cielo una vez en la vida. Por eso, cuando te vi, te capturé con la mirada y juré hacerte mío. Será por eso que ahora todo brilla tanto a mi alrededor.
Cuando te veo caminar, me recuerdas a esos sueños que tenía en los que mi felicidad paseaba por la orilla de la playa, esperando hacer acto de presencia en algún lugar de mi existencia. Ahora, al contemplarte, me doy cuenta que eras tú aquella anhelada silueta.
Me gusta dibujarte en mi mmente con mi mirada, sobre todo en los momentos en los que te crees ausente. Tus ojos los observan todo de forma distraída, y el aire parece acariciarte la piel. Hasta me parece percibir tu olor, rodeándome. Entonces, todo desaparece.

Y sólo quiero oír tu voz.

Cuando duermo, me imagino un cielo estrellado donde la luna juega a ser un faro y tú y yo surcamos un océano hasta ahora desconocido. Cuando despierto, me veo a mí misma pronuciando estas palabras a los ancianos del lugar, que me arropan y me explican que un amor sincero es para toda la vida.

No importa que envejezca para saberlo.

Hazme un favoe: cuando tenga pesadillas, despiértame, y cuando me sobresalte, simplemente tómame de la mano y sonríe.

Pues no hay nada que me dé tantas fuerzas como verte sonreír.


M.

viernes, 10 de julio de 2009

San Fermín


Mi entrada de hoy va sobre las fiestas de SanFermín. Puede que la imagen esté más relacionada con las corridas de toros, pero para lo que quiero contar hoy me sirve.
De sobras es conocida la fiesta de San Fermín, que comenzó el pasado 7 julio. Uno de sus rasgos más característicos son los famosos encierros que se hacen diariamente por las calles de Pamplona. Numerosas personas corren delante de los toros hasta llegar a la plaza de toros. Por desgracia, en varias ocasiones hay que lamentar la pérdida de vidas humanas en tales atrocidades. Sí, atrocidades. Los toros no están acostumbrados a este tipo de aglomeraciones de gente. Ello, unido a que no son pocos los que les tiran del rabo con fuerza o de los cuernos, provoca que los animales se pongan muy nerviosos y decidan defenderse arramplando con lo primero que se les ponga a tiro. Es normal, y no es que el toro sea un animal especialmente fiero, es que en esos momentos se siente terriblemente atacado y asediado y, lógicamente, se defiende. Me repugna esta asquerosa manía de algunos festejos de divertirse a costa del sufrimiento de unos animales que no pueden hablar para decir que no están de acuerdo. Qué duda cabe, que estoy absolutamente en contra de las corridas de toros. A todos aquellos que la defienden, ganan dinero o se dedican a todo aquello, me gustaría verles azuzados con un mantón rojo, con banderillas clavadas en toda su espalda, drogados (sí, salen drogados, para que los señoritos fardahuevos puedan hacer su sangría), desangrados hasta morir, con una estocada final (o varias)

Vergonzoso.

Lo dicho:

Viva San Fermín, pero sin toros.


M.

lunes, 6 de julio de 2009




[...] Los asedios de las ciudades, la estrategia y otros éxitos de la guerra dependen por lo general de la Fortuna o del propio valor, mas la compasión que se siente para con los vencidos estando uno en situación ventajosa, nace sólo de la sabiduría.

En efecto, la mayoría de los hombres, cuando tienen éxito, se ufanan por su buena suerte, y se hacen arrogantes por sus éxitos hasta el extremo de olvidarse de la común débil condición de los mortales. De manera que incluso hoy en día podemos ver a muchísima gente que es incapaz de sobrellevar el éxito, como si se tratara de un pesado fardo.

Diodoro Sículo. Biblioteca Histórica, Libro XVII.



Éste es un fragmento de una de las obras de Diodoro de Sicilia que relata las hazañas de Alejandro Magno. Me ha gustado especialmente porque refleja una realidad perfectamente aplicable a los hechos de hoy en día. Muchas veces el hombre, arrastrado por su afán de fama, se olvida que muchas veces esa ascensión es llevada a cabo por la Fortuna. Fruto de ese afán, además del olvido, surgen las pretensiones, la presuntuosidad y la falsa de creencia de ser algo que no se es. Los clásicos ya pensaban todo esto. Sirva este relato como buen ejemplo de ello. Aquí, concretamente, Alejandro Magno es un ejemplo de humildad y sabiduría ya que, pese haber derrotado a Darío, trata a su mujer e hijas con el más alto rango, y llama a Sisigambis, madre de Darío, con la designación de "Madre".

M.