miércoles, 20 de mayo de 2009

El abrazo del tigre




"El mundo es muy feo cuando no lo vemos de la forma adecuada", pensó.



Llevaba horas sentado al borde del lago, como si estuviera esperando un milagro. No sabía cuántas horas llevaba allí, viendo los copos caer, acariciarle suavemente la piel y derretirse. Todo lo que le tocaba siempre se acababa marchando.

Debía hacer algo con su vida, mudarse a algún sitio, coger un perro de la perrera, o salir más con los amigos.


"Una novia es lo que deberías buscarte", le había dicho Cassius.


¿Por qué una novia iba a ser la solución a sus problemas emotivo-destructivos? ¿Y por qué "buscar"? Las novias no se buscan. No son tesoros... Bueno, depende de la novia.
Cassius siempre hablaba de los seres humanos como si fueran objetos o cosas manipulables. Ni que él hubiera sido siempre el bicho que es ahora...

Suspiró; prefirió enterrar los absurdos consejos en el agujero de hielo que se había hecho a su lado. Cuando se quiso dar cuenta, tenía dibujado todo el lado derecho con soles, caras y cosas extrañas. La nieve despierta la vena artística de cualquiera...


Entonces se dio cuenta de lo que le sucedía. Estaba deprimido.


Luzbel era de esa clase de seres que de repente se sienten enfadados, tristes, o agresivos sin saber por qué, y tienen que hacer grandes esfuerzos para saber lo que le pasa. Siempre había sido igual.


Y también la echaba de menos.


No había una sola cosa que no le gustara de ella; hasta sus defectos le parecían adorables. Amaba su voz, el sonido de su risa, sus ojos, la manera de moverse, el roce de su pelo en la cara cuando la abrazaba. Todo en ella era maravilloso. Sí, la echaba de menos.

Fue cuando se acordó de esa frase tan socorrida en momentos de desespero ante un anhelo: "cuando quieras algo, basta que lo desees muy intensamente y sucederá". Típica frase hecha de los típicos momentos en los que hasta respirar resulta molesto. La cuestión estribaba en que si Luzbel deseaba muy intensamente aquello que quería, probablemente ocurriría.


Bueno, más bien era algo seguro.


Y no sabía muy bien si era capaz de enfrentarse a eso. Desear algo es muy fácil, pero si ves que tiene visos de hacerse real, la cosa cambia.



"Al cuerno, voy a hacerlo".




Luzbel cerró los ojos y los apretó mucho, tanto, que pensó que en cualquier momento le saldría sangre. Concentró todas sus fuerzas en ella. Más y más, y más fuerte... De repente, se oyó una tremenda explosión. Una parte de la orilla del lago helado se llenó de humo. Las pocas personas que estaban por allí salieron huyendo.






Y un hermoso tigre albino apareció de entre la humareda y le abrazó como nadie más era capaz de hacer.



M.

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