miércoles, 27 de mayo de 2009

Un cuento bohemio para mentes enamoradas

Van Gogh







Si tu disais que tu m'aimes
je te dois croire

Si tu disais que la vie c'est la nuit avec moi
Je viendrais avec toi pour toujours.
Si tu disais que je suis la femme de ta vie
je le serais toujours
Si tu disais, si tu disais...

Je t'entendrais...


M.


Le Pays de l'Amour, 1930

La calle es un camino infinito donde discurren los más diversos personajes. Está iluminada por multitud de luces parpadeantes. Ni el humo de los cigarros ni los brillantes carteles de los prostíbulos logran distraerle. Él dijo que lo haría, y ahora iba a hacerlo.
Camina lentamente; sus pasos son comedidos, como midiendo los adoquines y con cuidado de no romper la acera. Lleva las manos metidas en los bolsillos y no tiene miedo. Es feliz a pesar de todo. No sabe muy bien qué encontrará, pero está demasiado ciego para pensar en ello.
Ha probado de todo en la vida. Cosas que ni los más depravados se atreverían a imaginar: las drogas más fuertes, el sexo más duro, con hombres y mujeres... Y nada que ver a esto. Ella la diosa, la Elegida de entre todas las mujeres del mundo. Podía verla en el reflejo del mar, en un día nublado, en una carretera angosta... Era la mujer más difícil que se hubiera encontrado nunca. Tenía una mirada cruel, que aturdía, y el aire que expulsaba sabía a libertad. Llevaba un perfume empalagoso pero terriblemente sensual, y todo lo que llevaba puesto o lo que hacía sólo podía quedarle bien a ella. Dioses, era la encarnación de sus deseos, con la curiosa objeción de que nunca había sabido que los tenía hasta que la vio.


Acelera el paso. Se está poniendo nervioso.

Podía tener a las mujeres que quisiera, pero sólo la quería a ella.


Cuando se quiso dar cuenta, estaba corriendo hacia su casa. Había un pequeño problema: no sabía dónde vivía. Buscó una cabina desesperadamente.

Qué dulce era su voz. Qué atisbos de crueldad emanaban de los agujeritos de auricular. Parecía poder olerla a través de ellos.
No le hizo falta apuntar la dirección. Salió disparado a su Destino, sin saber muy bien qué iba a hacer cuando llegara.

Pero no hizo falta. Ella le estaba esperando. Llevaba una bata de seda negro, y sus pasos descalzos a su habitación eran parte de una melodía que se iba haciendo más intensa de forma progresiva.
Mientras se desabrochaba la camisa, le vino a su mente la letra de una canción


La rue c'est infinie comme ton corps

et quand mes mains le touchent

je sens que je suis dans un ciel

Tes yeux son ma fenêtre

e tu es mon destin

. . . . . . . . .


Y del resto no se acuerda; el amor exige una máxima concentración.


M.

Phoenix: Lisztomania

Esta mañana he escuchado esta canción y me he enamorado de ella... Me dan ganas de saltar y pasar de lo que se me viene encima: JUNIO.

A ver si os gusta.


Besos azules:

M.



lunes, 25 de mayo de 2009

Carta de amor

A veces tengo la sensación de que todo lo que me rodea es irreal, como si me hubiera fundido en una especie de historia extraña y todo el halo de inmaterialidad me hubiera absorbido. A veces parece que formo parte del cuadro del salón de alguna señora, o de la viñeta de algún cómic. Sin embargo, hay dos momentos en los que me siento anclada a lo auténtico: cuando duermo y cuando estoy contigo.
Cuando duermo, mis sentidos están en paz conmigo misma, y floto entre las sábanas como un globo aerostático a punto de alzarse. Mis dedos están en armonía con el resto de mi cuerpo, y cuando cierro los ojos, la paz me llena.
Cuando estoy contigo, siento cómo mis neuronas corren apresuradas para juntarse y saber lo que piensas. Dejo de ser aquel ente preocupado por lo que puedan decir los demás y mi corazón explota en mil pedazos, que se incrustan en tu piel. Sé lo que sientes, sé lo que quieres, y nada ni nadie puede detenerme. No es sexo, ni placer; es mucho más que eso. Cuando estoy contigo, siento la tremenda necesidad de hacerte feliz. Te echo de menos si me faltas, y alimentar tu cuerpo es de las cosas que más me gustan, pues te complace enormemente. Lo de ahí fuera no hace más que quemarme el rostro; la humedad de tus besos me calma y me conforta. Ven, túmbate junto a mí, y olvidemos por un momento que tal vez haya gente que es capaz de hacerte daño.






(Carta de un alma enamorada al amor de su vida: su perro)








M.

miércoles, 20 de mayo de 2009

El abrazo del tigre




"El mundo es muy feo cuando no lo vemos de la forma adecuada", pensó.



Llevaba horas sentado al borde del lago, como si estuviera esperando un milagro. No sabía cuántas horas llevaba allí, viendo los copos caer, acariciarle suavemente la piel y derretirse. Todo lo que le tocaba siempre se acababa marchando.

Debía hacer algo con su vida, mudarse a algún sitio, coger un perro de la perrera, o salir más con los amigos.


"Una novia es lo que deberías buscarte", le había dicho Cassius.


¿Por qué una novia iba a ser la solución a sus problemas emotivo-destructivos? ¿Y por qué "buscar"? Las novias no se buscan. No son tesoros... Bueno, depende de la novia.
Cassius siempre hablaba de los seres humanos como si fueran objetos o cosas manipulables. Ni que él hubiera sido siempre el bicho que es ahora...

Suspiró; prefirió enterrar los absurdos consejos en el agujero de hielo que se había hecho a su lado. Cuando se quiso dar cuenta, tenía dibujado todo el lado derecho con soles, caras y cosas extrañas. La nieve despierta la vena artística de cualquiera...


Entonces se dio cuenta de lo que le sucedía. Estaba deprimido.


Luzbel era de esa clase de seres que de repente se sienten enfadados, tristes, o agresivos sin saber por qué, y tienen que hacer grandes esfuerzos para saber lo que le pasa. Siempre había sido igual.


Y también la echaba de menos.


No había una sola cosa que no le gustara de ella; hasta sus defectos le parecían adorables. Amaba su voz, el sonido de su risa, sus ojos, la manera de moverse, el roce de su pelo en la cara cuando la abrazaba. Todo en ella era maravilloso. Sí, la echaba de menos.

Fue cuando se acordó de esa frase tan socorrida en momentos de desespero ante un anhelo: "cuando quieras algo, basta que lo desees muy intensamente y sucederá". Típica frase hecha de los típicos momentos en los que hasta respirar resulta molesto. La cuestión estribaba en que si Luzbel deseaba muy intensamente aquello que quería, probablemente ocurriría.


Bueno, más bien era algo seguro.


Y no sabía muy bien si era capaz de enfrentarse a eso. Desear algo es muy fácil, pero si ves que tiene visos de hacerse real, la cosa cambia.



"Al cuerno, voy a hacerlo".




Luzbel cerró los ojos y los apretó mucho, tanto, que pensó que en cualquier momento le saldría sangre. Concentró todas sus fuerzas en ella. Más y más, y más fuerte... De repente, se oyó una tremenda explosión. Una parte de la orilla del lago helado se llenó de humo. Las pocas personas que estaban por allí salieron huyendo.






Y un hermoso tigre albino apareció de entre la humareda y le abrazó como nadie más era capaz de hacer.



M.

lunes, 18 de mayo de 2009


Hoy me he despertado con una noticia noticia tremendamente triste: Mario Benedetti murió ayer. En relación con la poesía, he leído a obras y autores muy concretos, y él siempre ha sido uno de ellos.
Los poetas tienen la capacidad increíble de escribir emociones y plasmar sentimientos en un papel. De hecho, el propio Benedetti siempre decía que no se podía escribir sin emoción; sino, algo fallaba. Él fue más allá y llegó al siguiente paso: que esa emoción la sintieran sus lectores.

Cuando un Poeta de verdad se muere, las estrellas brillan un poquito menos.


Qué mejor manera de dedicarle esta entrada que con un poema suyo. Se titula Te quiero. Es uno de mis preferidos. Así, también digo te quiero de una forma más poética que de costumbre a una de las personas que más me importan ahora mismo.


Tus manos son mi caricia
mis acordes cotidianos
te quiero porque tus manos
trabajan por la justicia
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
tus ojos son mi conjuro
contra la mala jornada
te quiero por tu mirada
que mira y siembra futuro
tu boca que es tuya y mía
tu boca no se equivoca
te quiero porque tu boca
sabe gritar rebeldía
si te quiero es porque sos
mi amor mi cómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho más que dos
y por tu rostro sincero
y tu paso vagabundo
y tu llanto por el mundo
porque sos pueblo te quiero
y porque amor no es aureola
ni cándida moraleja
y porque somos pareja
que sabe que no está sola
te quiero en mi paraíso
es decir que en mi país
la gente vive feliz
aunque no tenga permiso
si te quiero es porque sos
mi amor mi ccómplice y todo
y en la calle codo a codo
somos mucho mas que dos.

Mario Benedetti (1920-2009)

lunes, 11 de mayo de 2009








LOCURA.




Era una de esas noches en las que no hacía ni frío ni calor. El cielo anaranjado no daba señales de tormenta, pero ésa no iba a ser una noche cualquiera.

O eso parecía.


El bar estaba inundado de humo y risas. Algún borracho se tambaleaba hasta la puerta de los servicios y vomitaba profusamente en los zapatos de cocodrilo y tacón de aguja de alguna princesita. Pero no importaba; si no era uno y otro, iba a ser ella misma quien lo hiciera, y en breve, por cierto.

Luzbel se sentó en la barra y, tras pedir un vaso de lo más flojo que tuvieran, una chica en dudoso estado se le acercó.

- H h hooola guuuuapo o oo

Luzbel se limitó a observarla y no contestó. Notó algo en el estómago. No sabía si era asco o lástima.

No, nada de eso. Tenía hambre.

- ¿Cómo te llamas?

- Luzbel.

- ¡Ala! ¿Pero ése no era el nombre del demonio?

Ya está, muy bien. Una vez más la misma gracia absurda de siempre. No iba a volver a contar la misma perorata de por qué sus padres le habían puesto este nombre, y esto y aquello. No ahora, y menos a eso que tenía delante.

- Ppp pe ero ademásss Luzzzb b el suena aaa nn n ombrrre de ch hhhi ca...

Qué bien...

La chica no acababa de decir eso, cuando se desplomó al suelo. Luzbel pensó que ya era hora. Fue entonces cuando logró poner la vista en la pista de baile. Y ahí estaba.



En seguida logró distinguirla. Sus labios, rojo sangre, estaban entreabiertos, y tenía los ojos cerrados. Parecía estar en pleno éxtasis.

Luzbel enarcó una ceja.

Llevaba un vestido más ancho que largo y unos tacones negros. Se deslizaba ágilmente sobre la pista y sus movimientos no tenían sentido aparente. Su pelo iba de un lado a otro, como si quisiera dar latigazos a los que la rodeaban. Sus brazos se movían alrdedor de su cuerpo de forma compulsiva, y por un momento Luzbel pensó que iba a levantarse el vestido o algo así, y ella no era de esa clase de chicas que incluía la ropa interior en su vestuario.

Por algo la llamaban Anna Locura.




Este es otro fragmento de una idea que hacía tiempo que tenía en la cabeza y a la que intento dar forma. Lo primero que os enseñé fue MIEDO. Son fragmentos sueltos de una historia que algún día os contaré... Mientras tanto, vamos dando forma a un proyecto precioso que pronto verá la luz. Ya lo dijo alguien una vez: si quieres algo, hazlo tú mismo...


M.

viernes, 8 de mayo de 2009

Increíble


Bu a todos:

hace unos días subí una entrada en la que hablaba de Terry Pratchett y Neil Gaiman y del libro que habían escrito juntos, Buenos presagios. Ahora tengo el gusto de deciros que ya he terminado de leerlo y bueno, qué decir, os la recomiendo a todos. No es sólo la originalidad de la historia, sino la manera de escribir, absolutamente rica en nombres, con un montón de figuras literarias, aparentes contradicciones... Y lo mejor de todo: apenas se distingue la parte de Gaiman y la parte de Pratchett. Simbiosis total. Magnífico. Sin embargo, una de las cosas que más me ha emocionado es el final del libro. No de la historia, sino lo que viene después. Al final, al menos en la edición que me compré yo, aparece una breve entrevista a los autores y luego una descripción de cómo uno ve al otro. La visión de Gaiman sobre Pratchett me ha puesto los pelos de punta. ha sido como si leyese mis propios pensamientos. Si Terry Pratchett es realmente así, y estoy convencida de ello, ahora sé que no soy una marginada ni estoy loca de remate. Os pongo algún fragmento para que juzguéis por vosotros mismos:

NEIL GAIMAN SOBRE TERRY PRATCHETT

(...) Y el caso es que Terry es una de esas rarezas, esa clase de autor al que le gusta Escribir, no Haber Escrito ni Ser Escritor, sino el acto de sentarse e inventar cosas delante del ordenador.
(...)Terry es un escritor satírico. Un Escritor, eso es lo que es, y hay bien pocos de ésos por ahí. Hay montones de gente que se llaman a sí mismo escritores, ya me entendéis. Pero no es lo mismo.
En persona, Terry es genial, espontáneo, divertido. Pragmático. Le gusta escribir y le gusta escribir ficción.

Creo que no hacen falta muchas explicaciones. Ya os lo dije una vez: están los que se hacen llamar escritores, y a los que les gusta escribir. Lo demás lo podéis deducir vosotros...

Quisiera cerrar esta entrada con un último fragmento, que resume muy bien la relación entre estos dos Grandes:

(...)Escribíamos un libro que nos parecía divertido y tratábamos de hacernos gracia el uno al otro. Ni siquiera estábamos seguros de que alguien quisiera publicarlo. (...) Éramos dos tipos con una idea que se contaban una historia.

Y con su humildad, han llegado donde están ahora. Bravo.

M.


*Fragmentos de la obra Buenos Presagios, de la editorial Scyla. Barcelona, 2009.

lunes, 4 de mayo de 2009

Un cuento contemporáneo para mentes enfermas




Una de brujas.


Están en todas partes. Durante el día son seres comunes que apenas dejan a la vista su auténtica condición. Pueden intuirse, pues es difícil que puedan ocultar su mirada depredadora, pero se esconden bajo sus pantalones pitillo y sus bailarinas. Pero cuando llega la noche se transforman.
He aquí un prototipo de chica-bruja. Cuando el reloj da las diez campanadas, después de la cena, la pequeña se da la ducha de media hora de rigor y, semidesnuda y su toalla envuelta en la cabeza, inicia su proceso. Imprescindible la raya negra en los ojos y una sombra llamativa. Maquillaje hasta aburrir y un color de labios discreto, que para llamar la atención ya lleva su brillante piercing. Escote imprevisible y pantalones que marquen hasta los lunares. Pelo suelto y a lo loco. Libro de pociones de marca colgado bajo el brazo y a la carga. La chica-bruja se sube en su escoba, enciende el motor y surca los cielos, preparada para la caza nocturna.
Los bares están hasta los topes. La música retumba y en un momento cualquiera del día parecerían los sonidos más horrendos que pudieran escucharse. Pero es fin de semana, y la gente está para todo menos para tener sentido musical. Todo se baila de cualquier manera y en cualquier lugar. Es en esos momentos cuando ves a tu amigo heavy-metalero cargado de pinchos bailando David Bisbal. Ya lo dijo el gran sabio Adidas: Impossible is nothing.
La chica-bruja ya se ha encontrado con sus otras amigas del aquelarre y juntas inician la caza. Beben una poción detrás de otra, y miran sin parar a todos aquellos mortales que dirigen su vista a su escote. Para no verlas. Ellas sonríen y beben y beben, y la chica-bruja empieza a sentirse dispersa. De pronto, divisa a una posible víctima para la quema: un chico que a duras penas se mantiene en pie, un popero consumido por litros y litros de Heineken que espera apoyado en la barra a que aparezca el ángel redentr que de una vez por todas le provoque el vótimo liberador. Ella, trastabillando y salpicando con su poción a todo el mundo, se le acerca. Intercambian palaras, que ella no entiende y que él no oye, hasta que la chica-bruja pronuncia las palabras mágicas, mientras el chico prefiere centrarse en la delantera.
La lengua de lagarto de la chica-bruja se desliza sibilina en la boca del pobre niño. Empieza la quema; sus pantalones ya están ardiendo. A ritmo de guitarras eléctricas, ambos se marchan a un rincón oscuro, el baño, por ejemplo. Los baños de los baretos por las noches siempre esconden lo más oscuro del ser humano. Se besan, se abrazan. La chica-bruja saca un condón per, cuando quiere darse cuenta, le sobreviene una arcada gigante. El pobre popi la imita. Fin de la caza. Sin darse cuenta, se han quemado ambos.
la chica-bruja no sabe dónde amanecerá mañana. A lo mejor atada a un poste, en una hoguera, mientras el atroz dolor de cabeza no le deja respirar. Tal vez se pasara con el aliento de sapo*...


M.






*Pesadilla antes de Navidad.