miércoles, 15 de abril de 2009

La muerte del augur.






El collegium estaba en silencio. Si uno prestaba atención, podía oír como todavía la sangre corría como un riachuelo por entre los adoquines de la vía. Nadie salía a la calle. Era tal el miedo que todos se había encerrado a cal y canto en sus casas. Ni mercaderes, ni niños jugando, ni prostitutas. Nada. ¿Qué podría suceder? Nadie lo sabía. Ni siquiera los sacerdotes. Tras la muerte de Marcus Iunius Angostus, todos habían acudido al templo y aún no se había abierto puerta alguna. En el lugar donde había sido asesinado, todavía se sentía el calor del cadáver, y se percibía el hedor a una venganza segura. Es la calma que precede a la tempestad.
Todos los sucesos acaecidos hasta ese momento no podían más que traer una oleada de violencia que se había desatado cuando los augures vieron el cuerpo de Angostus en las escaleras del templo. Su túnica estaba manchada, y la vida ya no corría sus venas. Algunos gritaron, otros llevaron el cuerpo al interior del edificio para preparar los funerales pertinentes. Pero el peligro seguía presente. A Roma lo último que le hacía falta era un enfrentamiento entre castas sacerdotales, hasta ahora los únicos capaces de preservar la esperanza y la estabilidad del pueblo, lejos de las intrigas del poder político. Pero la envidia y los celos, sentimientos funestos nacidos en el Averno, eran capaces de crecer y corromper cualquier alma humana. Y así había sucedido. Sevires y augures, hasta ahora en perfecta armonía acababan de iniciar una guerra que ya se intuía desde hacía tiempo. Ese enfrentamiento se acrecentó con la alianza entre augures y sacerdotes dedicados al culto de los emperadores fenecidos. ¿Motivos? El poder de uno solo, al que creían capaz de eclipsarlos a ellos mismos. Un sevir, que no es más que un liberto, ¿con más carisma que un augur? Qué mal consejero que es el miedo... Pancracius el liberto, sevir augustal, envidiado por augures. Poder, poder y más poder. Eso es lo que querían todos. Y la muerte se ha desatado en el seno de un collegium tranquilo, que verá como lo peor del ser humano se desata en puerta misma de sus casas. ¿Qué les queda a aquellos que no creían en otra cosa que en los dioses?
La puerta del templo se abre. Algunos rostros se asoman por las ventanas. Hasta ahora, nadie sabía cómo se venga un augur de la muerte...


M.


Fragmento y esbozo de una idea que poco a poco va cobrando forma: una novela sobre la Antigua Roma y su mundo religioso y social, cuyo título provisional es Los dioses materiales". A ver qué sale de todo esto... Os iré contando :)

1 comentario:

Cristina Puig dijo...

Me ha encantado!! Molan los nombres de personajes. A ver si la continúas, un besote!
Cris