martes, 24 de marzo de 2009

Los honderos baleáricos


Hola a todos:

Últimamente tengo esto un poco a la virulé, pero es por un motivo muy interesante. Estoy preparando un artículo para la Revista de Arqueología del siglo XXI. El título es "Los honderos baleáricos y su intervención en campañas militares de la Antigüedad". La revista la dirije un buen amigo, Nacho Ares, al que si lee esto le agradezco mucho que me haya invitado a escribir algo para su publicación. Cuando salga os iré diciendo cosas. Ya os podréis imaginar lo que supone para alguien que estaba acabando Historia preparar un trabajo como éste :)

Bueno, salud, gracia y mis disculpas por teneros abandonaditos una temporada:


M.



P.D.: gracias a todos por la tarde de ayer, y a ti por coger el coche y acercarte :)

sábado, 21 de marzo de 2009

Seres que son y que no son.




Hay días, como hoy*, en los que hay que pararse a pensar. Normalmente uno suele ir viviendo los momentos, y pocas veces se sienta uno a estar un ratito consigo mismo. Es necesario, puesto que ayuda a conocer cosas que no habías visto. Adultos o jóvenes, ancianos o niños, estando todos un poco con nosotros mismos, a solas, descubriremos una parte de nosotros mismos que pocas veces mostramos, y es necesario cuidarla. A veces no la mostramos por miedo, por vergüenza o, simplemente, porque no queremos sentirnos desnudos ante las otras personas.
Los que dicen amar la soledad, en esa parte de ellos mismos desearán encontrar compañía. Los que hacen daño y parecen no sentir, se reconcomen por dentro, cada noche. Los que dicen aborrecer el romanticismo y el sentimiento recitan versos de cosecha propia en voz bajita, para que nadie pueda oírles. Todos somos algo que hacemos creer que no somos. Negarlo ante los demás puede tener sentido, pero negarlo a uno mismo... Vivir intentando convencerse uno de que es algo falso es como romper la vida en trocitos muy pequeños y soltarlos en medio del mar. Ser conscientes de quiénes somos es lo más bonito que puede hacer alguien por sí mismo.
Los conflictos internos son algo común en las personas que se sienten vivas. Las personas sensibles luchan, se entrentan a sí mismos. A veces lloran por no entenderse y se preguntan por qué actúan de una u otra manera. Tienen debates internos intentando llegar a una conclusión, y también se sienten orgullosas de ser quiénes son en momentos dados. Estar en desacuerdo no es cosa de locos, sino al contrario; es un síntoma de cordura sentimental...

(Profesor de filosofia, això en gran mesura va per tu. Malgrat les contradiccions universals, ets una de les persones més sensibles que conec. Visca el Martí!)

Hay gente mala, gente que nos hará daño y saldrá bien parada. Gente que creerá que no somos lo suficientemente buenos para ellos y después de escupirnos a la cara, darán media vuelta y se marcharán, haciéndonos creer que nosotros tenemos la culpa. Y también habrá personas que nos harán felices. Personas que harán que nos sintamos especiales, y que nos querrán tanto que pensaremos que todo lo vivido hasta ahora ha sido una especie de sueño extraño. El mundo gira y gira y no nos pide permiso. Las grandes fuerzas cósmicas hacen estallar supernovas, provocan la congelación de los lagos de Marte, nos permite ver estrellas fugaces, y todo esto, aún ahora, nos parece bonito y misterioso. Pero también hay fuerzas entre nosotros, fuerzas puras, que a las personas sensibles nos impulsa a tener sentimientos positivos, sin pedir nada a cambio. Y a veces se produce el mágico momento de ser correspondido.


* Hoy me he reencontrado con una amiga y, con ella, una pieza del puzzle. Y hoy, una vez más, he sentido lo mucho que le quiero, y que mi futuro es ya nuestro futuro. Eso quiere decir que a partir de ahora ya no iré donde vaya él, sino que iremos juntos.


M., una chica muy afortunada.

jueves, 12 de marzo de 2009

Gladiador












Calor. Bullicio. Olor a sudor. La gente pide sangre a gritos y aclama a la muerte. Mientras él se venda las muñecas, cierra los ojos. Siente cómo el mundo se le escapa, mientras el polvo empieza a penetrar en sus fosas nasales. Llegó el momento de subir a la arena.
No sabe qué es lo que más le abruma, si todo ese gentío que desea una muerte un otra, o el sol justiciero que le ciega la vista y hace que la hoja de su espada emita un reflejo amenazador que a él mismo le asusta. Se coloca los pocos elementos de armadura que lleva y se prepara para el ataque. Al frente, aparece su contrincante. El público chilla. A lo lejos le parece divisar la corte imperial, presidida por el César. Si no fuera por el sol, pensaría que está sonriendo. Antes de poder reaccionar, su enemigo le ataca. Dolor, sangre en su brazo. Emite un grito salvaje, como de guerra, y le responde.
Nota en sus oídos el choque de los gladii, hierro con hierro. Alma con alma. Recuerda entonces cuando su abuelo le contaba que sus antepasados cuando se presentaba la muerte de un guerrero, enterraban con él sus armas, pero retorcidas, para evitar que su alma fluyera y fuera a parar a otro guerrero. Recuerda cómo de niño, una tarde que jugaba con sus amigos en el campo, desenterró unos soliferra. Estaban todos retorcidos, y fue cuando vinieron a su mente las palabras de su abuelo. Muerto de miedo, las volvió a enterrar, y marchó corriendo a su casa.
Una pequeña punzada en el muslo le devuelve a la realidad. Más sangre. Ve como forma un río y, desde sus piernas, desciende a los pies, tiñiendo la arena del Coliseo. Cuánta sangre derramada en la tierra que pisa, para la gloria del César y la alegría de sus súbditos. Panes et circenses, ¿no se trata de eso? Aprieta bien los dientes y carga contra el hombre que tiene ante sus ojos. Probablemente sea una buena persona, pero a él le han enseñado a matar. Matar para vivir. La vida está hecha de contradicciones, y más la vida de un gladiator como él.
Le escuecen las heridas; el polvo está entrando por ellas, y le cuesta respirar. Agarra el gladius con todas sus fuerzas. Hubiera querido que le grabaran en nombre de su padre, pero no tenía sestercios suficientes. En caso de haberlos tenido, sabía que los habría empleado para otras cosas. No para bebida o mujeres; hacía mucho tiempo que no tocaba el cuerpo de una mujer, que no experimentaba la calidez de unos brazos jóvenes, de un pecho palpitante. No; lo hubiera gastado en alimento, puesto que sabía que saldría de Roma en poco tiempo. Sólo los dioses saben el destino de los hombres.
De repente, el tiempo se detiene. Le falta el aliento, no puede respirar, se ahoga. De todos los dolores padecidos, aquél es el más insoportable. Le estaba quemando las entrañas. Cuando se miró al pecho, vio un gladius clavado hasta la empuñadura, y se encontró con la mirada impaciente de su inimicus. La sangre empezó a britar de esa atroz herida, al mismo tiempo que lo hacía por su boca. No le gustaba el sabor de la sangre. Estaba oxidada, y tenía el aroma de la muerte. Cansado, se desplomó en el suelo, y poco a poco notaba cómo la vida se le escapaba. La arena impregnaba su rostro, mezlcada con su propia sangre. El público embravecido aclamaba, no sabe muy bien si al vencedor o a la muerte del vencido. Al fin y al cabo, eso es lo que querían. ¿Por qué Júpiter, dios de todos los dioses, permite que un hombre pierda su vida en tales condiciones? Claro está que se avergüenza, puesto que los gladiatores, tras su muerte, reciben una enorme consideración. Cierto era cuando lo pensó: sólo los dioses saben el destino de los hombres...


M.

martes, 10 de marzo de 2009

Azul



Se dice que el azul se asocia con la inteligencia y el conocimiento, y que azul es el color de la Filosofía. En algunos países se identifica con la tristeza y la melancolía. Pero también simboliza a Venus, diosa del amor, y el mar, que se identifica con la libertad...



Cuenta una leyenda que una vez un niño, viéndose al espejo, vio que sus ojos eran azules. Un día de primavera salió al exterior y miró hacia arriba. Vio el cielo de un azul resplandeciente, sin una sola nube, y se acordó de la imagen del espejo. Al atardecer, salió a jugar con sus amigos a la playa, y vio el mar. Era de un azul diferente, pero no por ello menos hermoso. Tenía tonalidades verdosas, y entonces volvió a su mente el reflejo de aquel espejo.
Al día siguiente, el niño volvió a mirarse en el espejo, y se quedó largo rato contemplando aquellos ojos azules que tenía. Cuando su madre le preguntó qué hacía ahí parado largo tiempo, el niño le dijo:
- Mamá, ¿por qué tengo los ojos azules, exactamente igual que el cielo y el mar?

Y su madre le contestó:

- Tienes los ojos azules porque eres un espíritu libre. Adoras tu libertad, y respetas la ajena. Tus ojos son azules como el mar porque eres calmado, pero también puedes ser impetuoso y apasionado. También puedes ser frío y cálido...

El niño al principio pareció no entender muy bien lo que su madre le decía, pero a poco fue comprendiendo todo en su interior. Y decidió que el azul iba a ser su color preferido.

Y ese niño fue gritando por la calle lo mucho que le gustaba el azul. A partir de ese momento sus horas iban a ser azules y los días del mismo color. Iba a pintar sus sueños de azul eléctrico con una brocha gigante, y la realidad sería azul clarito, para ver mejor las cosas. Se envolvería en una manta azul cuando tuviera frío, y se pondría una camisa celeste en los días de verano. Su felicidad sería azul, y sus lágrimas de tristeza de un tono marino muy oscuro, casi negro. El azul iba a ser el color del amor y la libertad...


Porque si Rubén Darío tiene un libro llamado Azul, es que es más importante de lo que la gente piensa.


M.

Lo prometido es deuda...

Ahí va esa foto...


¡Desde el cariño, querubín!


M.

martes, 3 de marzo de 2009

Las partes.





Todas las partes de mi vida tienen algo de otros
No es que sea malo; tan sólo lo absorbieron mis poros.
Todas las partes de mi cuerpo guardan tu recuerdo.
Es como una impronta, de todas las locuras el sentimiento más cuerdo.

Todas las partes de mis horas guardan energía.
Una tormenta eléctrica*, que me guarda y que me guía.
Cuando observo por la ventana, y veo las partes de las cosas
siento que las entiendo, ya sean hermosas o desastrosas.

Son como yo.


Todas las partes de mi mente son como tú;
absorbiendo la esencia del todo bajo un filtro azul.
Cuando pienso en las partes del todo me confundo;
todo tiene partes y las partes son el todo, como el mundo.


Como yo.


Todas las partes de tus partes son como una ilusión.
Se meten en mi cabeza y en mi corazón.
Las partes de tus partes son un estado, una emoción,
calladas en lo serio, más que presentes en la pasión.


Como yo.


M.


*Homenaje a Electrical Storm, de U2




P.D.: la foto en la siguiente... ¡Lo prometo!