lunes, 13 de octubre de 2008

La chica, el chico y el misterio del frasco (II)

He de admitir que tus palabras me tranquilizaron sobremanera, y más aún cuando pasaste tu mano por mi cintura y me sonreíste como el guaperas de una película de serie B. Aunque cuando pensé que ese es el primero que la palma siempre ya no me sentí tan reconfortada. Demonios, pienso demasiado.


- Déjame quedarme a dormir contigo.
- No sé si debes.
- Yo sólo sé que debo quedarme junto a ti. No me hagas coger el coche para volver a casa...
- Está bien, me has convencido. Tienes demasiado poder sobre mi. Lo malo es que yo me doy cuenta de ello, pero no sé si soy idiota o...

Pero antes de que acabaras tu disertación yo me estaba lanzando sobre ti y convirtiendo esas palabras en cosas mucho más interesantes.

Toc, toc.

Abro un ojo. Aunque ya está el sol fuera, aún hay cierta penumbra en la habitación, por lo que deduzco que todavía es una hora bastante indecente para despertarse.





Toc, toc.

Tú también los has oído y tras darme un beso y revolverme el pelo te apartas de mi y te pones el albornoz.

- Cielos, ponte algo debajo.
- Tranquila, me lo ato y ya. No creo que sea nadie interesante...

- Buenas días, lamento el madrugón. ¿Es usted el señor Proust?
- Esto... Sí, ¿por qué? ¿Quién es usted?
- Oh, my identidad es lo menos importante ahora mismo...Verá señor Proust, usted tiene algo que a mi me interesa y por lo que estoy dispuesto a ofrecerle lo que usted me pida.

(A juzgar por tu silencio y las palabras que vinieron después deduje que sabías lo que estaba buscando...)

- A usted le interesa obtenerlo, pero yo no quiero entregárselo. El frasco es mío. Váyase.
- Vamos, vamos, no sea necio... Acepte mi propuesta antes de que sea demasiado tarde. Usted sabe tan bien como yo que ese frasco o bien se romperá, o bien lo acabará perdiendo. No hay nada que dure eternamente, señor Proust... Debería saberlo.
- Lo que haga o deje de hacer con el frasco es asunto mío. Y usted... Usted... ¡Usted qué va a saber de mi! (estabas muy nervioso) ¡No tiene ni idea de quién soy, ni de lo quiero, ni de cómo trato o dejo de tratar las cosas que me importan! ¡Ahora márchese!

Lo siguiente que oí fue un portazo inmenso. Al momento, te vi en el salón respirando con dificultad; tus ojos chispeaban.

- Tendría que ir a correr...*




Empezó a llover. Hacía tiempo que te habías ido a correr y todavía no habías vuelto. Empiezo a inquietarme. No me gusta estar sola cuando sé que podría estar contigo, y menos en esta situación. De repente, me doy cuenta que estás protegiendo algo de lo que no tengo la menor idea. Un frasco, sí, pero... ¿Un frasco de qué? ¿Qué cojones tiene ese frasco para que lo defiendas con tanta vehemencia? Oh, no, ya estoy alterada, muy alterada. Y cuando estoy alterada pierdo el control de mis emociones con mucha facilidad. Demasiada.
Salgo a la calle, está lloviendo a mares. ¿Qué es ese frasco? ¿Por qué tanto misterio? ¿Por qué yo no sé nada de todo esto?
Rompo a llorar. Sola, calada hasta los huesos y en pleno ataque de ansiedad, hinco las rodillas en el suelo. Me rindo, no puedo controlarlo.
En medio de la lluvia creo oír unos pasos a la carrera.

- ¡Eh! ¿Pero qué estás haciendo? ¿Estás loca? Joder, ¡entra para adentro! ¿Qué te pasa?
- No lo soporto más, no lo aguanto. ¿Qué narices es ese frasco? Dime, ¿cuál es su contenido para que lo defiendas así? ¿Y por qué he estado yo apoyándote en todo esto, cuando no tengo ninguna explicación al respecto?
- Si te lo digo, ¿te calmarás y entrarás en casa?

Asentí, hipando. Te sentaste junto a mi, en el suelo. Llovía aún más fuerte.

- Ese frasco... Ese frasco contiene los sentimientos que nacieron en mi desde que te conocí. He ido llenando ese cuadro con todo lo que me inspiras, con tus palabras, con mis pensamientos al verte, al sentirte... Lo he guardado ahí porque si llevara encima todos esos sentimientos y recuerdos, el mundo, en constante degradación, me los corrompería, y ya no sería lo mismo. Te daría algo que no mereces. Ese frasco es... Nuestra esencia. La gente quiere arrebatárnoslo porque nunca han percibido nada igual. Envidian lo que tenemos.

La lluvia caía incesantemente.

- Regálamelo.
- ¿Cómo?
- Sí, que me lo regales. Lo custodiaré como si fuera una parte de mi, que en realidad lo es. Dámelo, aunque sea por un tiempo y luego te lo doy y así nos turnamos. Te prometo que nunca se romperá...

(seguirá continuando...)


M.

2 comentarios:

Asrham Rayeuk dijo...

Ya quiero la continuación!!!! Jajajajaja, así o más desesperada???

Pero es que ya quiero seguir leyendo, si, si, si, si ????

Amiga mía, perdón por no pasar antes pero el trabajito me trae de locura, pero aproveche ahorita para fugarme y leerte y volverme a fugar con tus letras.

Besos

Darka Treake dijo...

Jo... Qué bonito Macarroni.
Me ha gustado mucho.

Voy a continuar!!!

1bsito
Tu amigo Darka