martes, 16 de septiembre de 2008

Foto: faro de Cala Figuera.






Cuando abrí los ojos no sabía si era real o todavía estaba soñando, pues lo que que vi ante mí era la reproducción de mis ensoñaciones. Todo cuanto tocaba me resultaba extrañamente conocido. Paseaba por las estancias sabiendo dónde se situaba cada cosa, conociendo cada rincón... Llegué al dormitorio y, al tumbarme en la cama, me dio la sensación de haber dormido allí muchas noches, compartiendo lunas y contando estrellas hasta que llegaba el sol. Me levanté y miré por la ventana, aunque ya tenía esa visión más que grabada en mi memoria.

Cogí las llaves que había en el cesto de la entrada y salí a pasear. No me perdí, puesto que sabía qué calles debía andar para llegar hasta el mar. Cuando lo vi, me quedé absorta contemplándolo en todo su esplendor, mirándolo romper en las rocas, y pensando en la de veces que esa imagen se había repetido en mi cabeza. Me sentía muy extraña; todo aquello ya lo había vivido alguna vez. Ya había respirado ese aroma a pino y mar, ya había andado por esas calles, ya había habitado en aquel lugar... Pero no sabía ni donde ni cuándo. Durante el camino de vuelta observaba a la gente, y sus rostros me eran vagamente conocidos. Ya en casa, opté por no darle más vueltas y decidí esperar tu regreso con calma. Y entonces me quedé dormida.
Cuando me desperté, dos enormes ojos me miraban sonrientes y sin hablar, me dijiste cuánto me habías echado de menos. Al tomarte de la mano lo comprendí todo: yo te había visto antes, había vivido todo aquello... En mis sueños.



Quelquefois tes sommeils peuvent devenir réels...



M.

1 comentario:

Darka Treake dijo...

Bonito ensueño realista...


a disfrutar!

Darka.