jueves, 4 de septiembre de 2008

El gato y la luna








Una vez tuve un sueño. Soñé que, una noche del una llena, me liberaba de mis sábanas. Me sentaba en el alféizar de mi ventana a contemplar la hermosa noche. Entonces, mi cuerpo se empequeñecía y se lleanaba de un intenso y sedoso pelaje negro, a la vez que mi visión nocturna se agudizó y podía contemplarlo todo a la perfección. Aspiré fuerte, muy fuerte, y una nube bajó del cielo y me recogió en su seno, llevándome al árbol más elevado del terreno. Una vez allí, me depositó en una rama, y allí estabas. Vi tu rostro como nunca antes lo había visto, y tu luz me envolvía y me daba calor. Mis temores desaparecieron; sólo deseaba con todas mis fuerzas poder abrazarte algún día, pero...¡Qué frustrante! No tienes brazos para tocarme, ni acariciarme. Una diminuta lágrima bajó por mis felinos ojos y quedó atrapada en mis bigotes. Poco a poco, el cielo iba aclarando...
Los rayos del sol me despertaron súbitamente. Estaba en mi cama, destapada, con la ventana abierta de par en par y aterida de frío. No me encontraba nada bien. Cuando me levanté me entraron tales arcadas que tuve que ir al baño de forma precipitada. Cuál fue mi sorpresa al ver que una enorme bola de pelo salía de mi boca...

M.

P.D.:
· La luna es preciosa, y los gatos, tanto o más.
· Cuidado con los sueños, que a veces se cumplen.
· Ojo con las bolas de pelo que dejan los gatos, las carga el diablo

1 comentario:

Cristina Puig dijo...

HOla,

Que sueño tuviste...jeje. Interesante. Como estas? Yo sigo a la espera aún. Ayer q susto ya te contaré. Hoy pasaré el dia en casa de mi madre por si acaso, escribiendo. Mañana no creo q pueda ir a la reunión aunque me encantaría.
Un besote moixeta