martes, 5 de agosto de 2008

La Piedra Lunar y los Miagos del Norte

Imagen: Luis Royo



Y no había paz en su espíritu;
tan sólo sombras y penumbra en su corazón.
La escarcha inundó su rostro
y ya no podía ver sino tinieblas.
Pero un día su ceguera se dispersó como la niebla
y sus ojos la contemplaron a ella:
lo más hermoso sobre la faz de la tierra.
La cordura de un hombre se halla entre las manos de una mujer.

Nathaniel cabalgaba y cabalgaba; había perdido la noción del tiempo que llevaba a lomos de su caballo. Ya había contemplado numerosos parajes durante la travesía. Ahora se encontraba atravesando una inmensa pradera, con verdes que parecían pintados por un pintor diestro, y a lo lejos parecía divisarse un frondoso bosque. Pero todo eso era trivial a sus ojos. No alcanzaba a admirar la belleza de esa estampa, ni tampoco se detuvo a escuchar sus pensamientos. El aire era frío, y sintió cómo las lágrimas que estaba derramando le quemaban el rostro. Su capa se ondulaba con el viento, como perfilándolo, ondeando a su espalda. La capucha se le había retirado hacia atrás debido a las intensas cabalgadas.
Ambas manos asían las riendas de su caballo, pero en la izquierda apretaba una piedra negra con profundas grietas que imitaban las grietas de la luna. La tira de cuero que servía para atar al cuello se le había roto, y no podía permitirse el lujo de extraviar esa piedra. Mientras los hechos se sucedían precipitadamente en el castillo, Nathaniel había procurado no perder de vista la piedra, y cuando su madre cayó muerta a su lado, con los ojos abiertos de par en par por el terror, él había procurado retrasarse lo necesario y recogió la piedra a toda velocidad. Si la leyenda era cierta, y hasta ahora parecía tener visos de serlo, no había tiempo que perder. Ahora, durante el camino, el dolor que se había guardado en el corazón afloró e hizo que, con cada hipada de tristeza, azuzara a su caballo con más fuerza.
"Han venido, sabían que la teníamos nosotros. Venían a reclamar lo que era suyo, y los han matado a todos, a todos... Su piedra, su llave, les será devuelta, pero a cambio recibirán una cruel venganza... Ni todo el oro del mundo vale la sangre de los inocentes... ¿Pero por qué a mi no? ¿Qué macabro capricho les habrá movido para no darme muerte junto a mis padres y hermanos?"
Mientras esos pensamientos martilleaban sus sienes una y otra vez, vio a lo lejos una extraña y repentina penunbra. Su caballo empezó a ponerse nervioso por momentos. Poco a poco lo que parecía una nebulosa tomó la forma de hordas de seres encapuchados. Vestían de negro, y su expresión era imperceptible bajo su capucha. Su caballo acabo encabritándose y lo lanzó hacia el suelo, lastimándolo. Aquellos entes avanzaban de forma inexorable ante él, y cuando se hallaban a unos pocos metros de él se detuvieron. La leyenda era cierta: tenía ante sus ojos a los miagos del Norte.
Tal era su pánico que no se percató que al frente de ellos iba una criatura realmente distinta al resto, aunque presto su belleza no le pudo pasar inadvertida. Sus cabellos eran como las alas de un cuervo, extendiéndose sobre sus hombros. Sus ojos, entre curiosos y amenazantes estaban perfilados por una oscura sombra, y su boca era tan hermosa que que podría hacer perder la compostura al caballero más disciplinado. Su cuerpo parecía tallado en mármol, y se transparentaba gracias al vestido de una tela apenas imperceptible.
Nathaniel se sorprendió a sí mismo con la boca abierta y las pupilas tan dilatadas, que cuando parpadeó sintió un agudo escozor.

- Sabría que vendrías, Nathaniel de Girondine. He salido a tu encuentro para recuperar lo que es mío, y cobrarme algo a cambio por la afrenta a la que nos hemos visto sometidos...

(continuará...)



M.


Dedicado a Alejandro Morellón, mi miago preferido. Te quiero mucho mucho ; )

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Bu!Si es que eres un encanto...Son unos seres vastamente enigmáticos estos Miagos, apenas se sabe nada de ellos ni de su larga trayectoria a la sombra. Muchas gracias por la dedicatoria, me ha gustado mucho este principio, prometedor y original, con Piedra Lunar incluída. Nos vemos esta tarde guapa.

Att.
Anónimo desanonimado.

Cristina Puig dijo...

Bu! A ver si lo continúas que está genial, mola lo de los miagos:). Viste el comentario de Toñito en el blog de amigosdeartefantastico?? Podríamos hacer lo q dice de incluir e invitar a ilustradores q te parece???
Besotes,
Cris

Darka Treake dijo...

Wau, si es el principio de algo, promete... mucho!

Me pregunto qué son los Miagos, y confío en que no tardes en revelárnoslo...
Una piedra lunar... eso me tiene uan más intrigado!! Ya sabes por qué...

me ha encantado esto:

"Ahora se encontraba atravesando una inmensa pradera, con verdes que parecían pintados por un pintor diestro, y a lo lejos parecía divisarse un frondoso bosque."

1bsillo
sigue escrbiédonos así de bien
Darka.