miércoles, 13 de agosto de 2008

Esta no es una carta cualquiera que llega un día a nuestro buzón, aunque sí podemos recibirla cualquiera de nosotros... Cualquiera con una especial sensibilidad. Son cartas sin sentido, pero que nos brindan una coherencia total a nuestros sentimientos. ¿No habéis recibido alguna vez un mensaje del cual sólo para vosotros tiene pleno sentido?
Ésta es una historia atemporal; podría haber acontecido en cualquier época de la Historia, a cualquier persona, en cualquier momento. Todo eso es trivial; lo esencial es el mensaje oculto entre las palabras...





En cualquier lugar, en cualquier día, en cualquier época (*)

Amor:

Te escribo esta carta desde algún rincón de mi mundo, en la tranquilidad que me proporciona la soledad.
Anoche leí todas las misivas que me escribiste en aquellos tiempos en los que creíamos que no había nada imposible. Tus palabras estaban cargadas de una inocencia, ternura y amor increíbles. Las escribías en la distancia o a mi lado, pero todas contenían el mismo mensaje.
Hace años, cuando me enamoré de ti, intenté explicarte mi significado de la palabra amor. Todavía ahora me pregunto si relamente lo conseguí, aunque a juzgar por los días felices que pasamos puedo hacerme una ligera idea.
Dice que mirar hacia atrás no es bueno, pero tú estás en mi pasado, presente y tal vez futuro, aunque no como yo esperaba. Estás en todas partes. Nadie sabe qué nos guarda el Destino; la vida es tan variable como las fases de la luna. Hermosa, pero voluble; brillante, pero misteriosa.
Llevo días leyendo a poetas del Romanticismo y del siglo XIX: Rimbaud me habla de la intensidad de las emociones; Baudelaire, de la fugacidad de las mismas; Bécquer, de lo increiblemente hermoso que es amar. A veces, esas palabras viajan por mi mente a la velocidad de la luz y se fusionan con mis recuerdos, confundiendo qué es real y qué es literatura.
He llegado a una conclusión terrible e inquietante. Sé que te quiero. Te quiero como nunca he querido a nadie, y es muy probable que no quiera a nadie tanto como te quiero a ti. Hay algo que me une a ti de una forma casi indestructible, y una parte de mi corazón siempre formará parte de tus pertenencias. Pero no podemos estar juntos. Del mismo modo que algo nos une, otra cosa casi igual de fuerte nos impide consolidar nuestro amor, un amor que ya llevamos sintiendo Dios sabe cuántos años.
Temo decirte, amor mío, que el nuestro es un amor imposible. Incomprendidos por todos, enojando a unos, dejando perplejos a otros. Así estamos tú y yo ahora.
Ese sentimiento, imposible de describir e identificar, hace que al contemplarnos no podamos evitar unir nuestras manos o sentir el anhelo de un deseo impropio de una ingenua amistad.
Amor, no puedo estar contigo, ni tú puedes estar conmigo. Y sin embargo, te quiero. No es un amor de novios, ni de amantes, ni de amigos. Es un amor sin etiquetas, amor en estado puro. Amor por lo que eres. Sé que nunca sentiremos nada igual.
Dejemos que fluya ese sentimientos indescriptible entre nosotros. Embriágate de mi belleza, y yo lo haré de tus besos. Luego, cuando amanezca, nos comportaremos como el resto de personas espera que lo hagamos, y será nuestro secreto. ¿Por qué deben entendernos los demás? ¿Qué necesidad hay de dar explicaciones? Dejémonos llevar, a nuestra manera. Luego, apártate de mis brazos y sigue tu camino; yo seguiré el mío, que es paralelo al tuyo, y te tenderé mi mano amiga.


Siempre tuya.


(*) El amor es el único sentimiento capaz de traspasar las barreras del espacio y del tiempo.

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