martes, 19 de agosto de 2008

Los Miagos del Norte: la Misión

El castillo La Piedra Clara. Foto de: www.fotocommunity.es/pc/pc/display/12638847.





Nathaniel, hipnotizado, no podía hacer más que seguirla. Sus miembros, de hecho no respondían a otro fin que a ese. La bruja se percató de que su hechizo había dado resultado. Nathaniel no respondía de sus actos. Se dirigió hacia donde se encontraba su caballo y tomó sus riendas, dispuesto a montarlo. La bruja empezó a reir, primero con una tímida sonrisa, luego a carcajadas que iban aumentando de forma progresiva. Nathaniel no pronunció palabra; se limitó a subir al caballo y aguardar órdenes de la bruja. Sus pupilas estaban muy dilatadas, y su mirada se dirigía más allá del horizonte, hacia un punto imaginario. La bruja dio una señal con la mano, y los miagos empezaron a moverse a su alrededor. Flotaban en el aire, no tocaban el suelo, al igual que la bruja, y todos se deplazaban a gran velocidad. Entonces la bruja miró al muchacho, y este tiró de las riendas y empezó a cabalgar. El joven ni siquiera sabía dónde se hallaba, pero a pesar de la velocidad que había alcanzado con su caballo pudo observar el paisaje. Todo era verde; un verde fuerte, consolidado. También había árboles, aunque bastante menos que al principio de la travesía; habían dejado atrás el bosque. A lo lejos parecía verse un lago y al fondo, las montañas y lo que parecía ser un inmenso castillo. Entonces, Nathaniel notó una brisa helada y despertó de repente de su letargo. Estaban empezando a ascender por una de las montañas, que tan a lo lejos parecían estar antes. Quiso moverse, pero no pudo, estaba paralizado. El castillo se iba acercando a ellos más y más, y Nathaniel se desconcertaba por momentos.
Cuando llegaron a la enorme puerta, la bruja pronunció algunas palabras ininteligibles. Las puertas se abrieron y Nathaniel, bajándose del caballo, hizo ademán de entrar. Quería solucionar ese asunto cuanto antes, pero dos de los miagos lo sostuvieron.
-Aguarda, joven Nathaniel de Girondine, en breve podras entrar.
Tras unos minutos que al joven se le antojaron horas, la puerta volvió a abrirse y esta vez fueron los propios miagos los que le empujaron hacia el interior. Era un castillo enorme, iluminado tan sólo por unas velas que otorgaban una tenue luz. Las paredes eran de piedra, y el techo quedaba a tal altura que Nathaniel tuvo que doblar mucho el cuello para poder alcanzarlo en su totalidad con la vista. Hacía frío; el ambiente era bastante húmedo y el muchacho sintió más de un escalofrío.
- Acompáñame, Nathaniel.
Él y algunos miagos, con la bruja a la cabeza, se recorrieron todo el castillo, hasta llegar a una especie de puerta de madera, que la bruja abrió con uno de sus sortilegios. Empezaron a descender por unas escaleras que parecían interminables. A Nathaniel le dio la sensación de descender al mismo núcleo del averno, pues tuvo sensaciones muy extrañas, que se acentuaban a medida que iban bajando más. Finalmente, se acabaron las escaleras, y lo que Nathaniel vio le resultó indescriptible. Llegaron a una estancia llena de jaulas con toda clase de criaturas y seres salidos de las entrañas de algún demonio. También había una gran estantería llena de libros de todo tipo, y una gran hoguera, sobre la cual estaba suspendido un caldero. La bruja le indicó a Nathaniel que tomara asiento y a continuación ella se sentó a su lado.
- Sé que todo esto te está resultando complicado de entender. Antes de reclamarte aquello que posees y que debería estar en mis manos, quiero contarte el motivo por el cual estás aquí. Así no tendrás motivo para reprocharme nada.

Tiempo ha, yo vivía en los bosques, sola. Mis padres y el pueblo en el que habitaba habían renegado de mi por tener una malformación, cosa que consideraban como una señal del Maligno, y me abandonaron a mi suerte cuando apenas empezaba a ser una mujer. Una noche, vino a visitarme una especie de ser encapuchado, y me dijo las siguientes palabras:
"Has sido apartada injustamente, pero has demostrado fuerza. Por tanto, estás expulsada de entre los seres humanos. A partir de ahora, el Mal será tu aliado y sólo tú serás la responsable de mantener el Equilibrio".
Acto seguido, me dio la piedra que ahora tú tienes en tus manos, la Piedra Lunar. Esta piedra, que imita las grietas de la Luna, se encaja en una parte secreta de este castillo. Ella es la clave para evitar que el Mal se desate. Yo acepté mi cometido con determinación.
Tiempo después, en una cacería, conocí a tu padre, que me salvó a la vida de aquellos que pretendían matarme. Al instante me enamoré de él. Tuvo la cortesía de llevarme a vuestro hogar a sanarme de las heridas, pero el infortunio quiso que ocurriera una desgracia: tu madre llegó y me contempló; ella era gran creyente de las leyendas de brujas y casualmente conocía mi historia. Furiosa, me echó de allí, no sin antes arrancarme la Piedra, que llevaba colgando de mi cuello. La fatalidad y el Destino se unieron en una sola cosa. Quise recuperar la Piedra, pero tu padre, agraviado, no pretendría ni tan sólo mirarme, y todos los desastres que yo había predicho en sueños se cumplieron. El resto de la historia creo que ya la sabes.

Nathaniel no podía ni hablar. Apenas sentía su lengua en la boca, y le costaba tragar saliva.
- Entonces, ahora, sin la Piedra en su sitio...
- Ahora sin la Piedra en su sitio el Mal campa a sus anchas Nathaniel. No puedes ni hacerte a la idea de lo que puede suceder. Van a acontecer desgracias de índole inimaginable para la raza humana. De momento, la leyenda se ha cumplido.
- ¿Leyenda?–Preguntó Nathaniel.
- Por estas tierras hay muchas leyendas... Pero la más temida es aquella que narra que, si la Piedra desaparece, un monstruo terrible saldrá de su guarida, sembrando el pánico por doquier...
- ¿¿Pero realmente existe??
- Por supuesto... La leyenda dice que sólo aquel con un corazón puro, que no conozca el mal, debe ir en busca del monstruo y matarle... Es aquí donde entras tú, mi joven criatura.
- ¿Yo?–Nathaniel se temía la proposición, pero aún así quiso preguntar– ¿Pretendes que vaya a donde quiera que esté y que lo mate?
La bruja asintió solemnemente con la cabeza. Nathaniel pensó en su familia, en sus padres, hermanos, y todo lo que había sucedido. Lo cierto es que todo cuanto había contado la bruja tenía visos de realidad, y de seguir así sólo Dios sabe lo que podría suceder.
- De acuerdo, acepto mi misión.
- Sabía que lo harías... Por lo que veo en mis sueños, tu misión será más peligrosa de lo que esperaba... He visto que el monstruo se ha dirigido a un lugar lejano, que entraña grandes peligros... Debemos preparar bien tu cometido, pues cualquier precaución será poca para aquello a lo que vas a enfrentarte.
- ¿Y estas criaturas que te acompañan?¿Qué son?
- ¿Los miagos?–La bruja sonrió– Es algo que te explicaré más adelante...


(continuará...)

M.



4 comentarios:

Darka Treake dijo...

No lo cambies...

Hazte esta pregunta:
¿Quién o qué es Og'Jerro para ti?



Juguemos...


Darka.
PS: Siento la desilusión, de verdad.
No era mi intención.

Favole dijo...

Puede que ese monstruo misterioso que aparece en la aventura sea Og'Jerro, o puede que no... Prefiero que sea algo que se decida por sí mismo. Veré si encuentro respuesta a la pregunta que me propones...


M.

Cristina Puig dijo...

qUE GUAYYYYYYYYYYY

Para cuando la continuación???y el monstruo????jeje me gusta mucho la parte dl castillo

Hasta hoy!

Anónimo dijo...

Uy esos Miagos...
¡Muy bueno!

Att. Anónimo desanonimado