domingo, 6 de julio de 2008

Γνωθι Σεαυτόν: Nosce te ipsum





Cuando te asomas a la orilla del mar y observas el infinito océano, ¿qué te pasa por la cabeza? Cielos estrellados, lunas intermitentes, leyendas del pasado...
Aquellos que estuvieron y ya no están siguen presentes entre nosotros; escucha la suave brisa marina. ¿No los oyes? Son ellos, que te susurran al oído sus recuerdos y te dicen que todo saldrá bien. Cumple tu promesa: no llores más y camina, simplemente camina...
También piensas en aquellas historias pasadas. La chica de la facultad, los paseos por la playa, las horas muertas en tu habitación. El olor de su piel flotando en la estancia. El deseo de tocarla creciendo a la par que tu miedo a estropear la situación. Probablemente no fuese amor, sino tan sólo el deseo de estrecharla entre tus brazos y hacerla tuya, aunque fuese tan sólo por esa tarde. ¿Qué más daba lo que vienese después? No todo el mundo puede decir que ha llegado al cielo... Y tú te asomabas a su puerta cada vez que veías al trasluz el contorno de su cuerpo; te provocaba placer con sólo mirarlo...
Te acuerdas de los días nublados de domingo cuando te sentabas en un banco del centro de la ciudad, vacía, y escribías con tu pluma frases de las que sólo tú entiendes su sentido. Horas y horas de escritura en folios rasgados por la punta de esa pluma. Qué hermosas esas tardes de domingo...
Aprecias en tu memoria esas mañanas tomando café en el balcón de tu casa, apreciando las diversas y variadas tonalidades de la luz en los árboles, oliendo en polen de las flores y oyendo el llanto de algún niño. Un sorbo de café y un parpadeo. De repente la vida parecía tan sencilla... En ese momento te hubieses reído de aquel que dijese que el ser humano es complicado.
Las horas que pasaban como si fuesen páginas de un libro, las lágrimas, los enfados, los sueños... Ahora contemplas el océano infinito, mientras los que se fueron pero que todavía están entre nosotros te susurran palabras de libertad, y tú ves cómo tus recuerdos se desperdigan con la brisa del mar. Entonces cierras los ojos y te miras por dentro; qué bien te sientes. Ya nada importa. Aparece una cometa y una sonrisa a lo lejos. Echas a correr; no todos los días se puede volar una cometa en la playa...


M.

2 comentarios:

Gitana dijo...

Como me encantaria estar de frente al mar, y soñar y gritar y reir y sentir!!!!!

Tal vez escapar aunque sea un instante para pensar, o solo para ver volar un cometa...

Zârck. dijo...

Muchas gracias por acercarte a mi Jardín y pasear por el. Espero que no dejes de hacerlo.
Un saludo.