domingo, 29 de junio de 2008

Costumbres







Solía tener la costumbre de, al llegar a tu casa, descalzarme y dejar las sandalias tiradas en un rincón. Me gustaba sentir el tacto del parqué en mis pies, crujiente en las tardes de verano que compartíamos juntos. Cuando salía al jardín, sentía la hierba mojada, recién regada, y cómo algunos de sus tallos me hacían diminutos cortes en mi piel. El aroma de mi sangre se mezclaba con el de la hierba, y ambos se fusionaban y se fundían con el viento.
Cuando iba a tu casa tenía la costumbre, antes de zambullirme en el agua de la piscina, de meter la punta de los pies. Tú, lanzándote sin remilgos, me salpicabas, y en mi piel se formaban gotitas que parecían cristales, resbalándome. Cuando me sumergía, notaba cómo mis cabellos se esparcían por el agua, y al salir, se distribuían por mi espalda. Entonces, me sentaba en el bordillo y esperaba a que llegaras, con aire indiferente, pero deseando que me dieras un beso de esos que a mi me gustaban.
Además, en tu casa acostumbraba a tumbarme en tu cama, bocabajo, esperando una palabra tuya, o que me dieras la vuelta para poder verme.Tenía la costumbre de cogerte del cuello y arrastrarte suavemente hacia mi. Me gustaba morderte el labio, oír tu risa al hacerte cosquillas, fundirme contigo bajo las sábanas blancas y dejar que los rayos del sol penetraran por la ventana e iluminaran ese momento.
Tenía la costumbre de levantarme desnuda e ir a darme un baño, después de que tú me lo hubieras llenado de espuma, y juntos hablar de las cosas más triviales y también de las más profundas: ha subido el precio de la leche, ya no venden la cerveza que me gustaba, no sabes lo mucho que te quiero...
Acostumbraba a que me prepararas una buena merienda ya al caer la tarde y tumbarme contigo a ver la televisión. Verla, no mirarla, porque te observaba de reojo, esperando que me miraras tú también y poder congelar así ese instante.
Acostumbraba a tantas cosas que, ahora en la distancia, tengo la costumbre de recordarlas y de desear que esos sentimientos puedan regresar algún día... Acostumbrarse a la costumbre a veces hace que nos acostumbremos a no pensar en las costumbres que vendrán...

3 comentarios:

Asrham Rayeuk dijo...

Acustumbrada estaba yo a amarla y ahora... que no esta, que dificil es acostumbrarse a la distacia teniendola tan cerca.

Me fascino tu post. Y cada me acustumbro mas a leerte.

revenge dijo...

Pues la verdad es que si, las cosas mas sencillas a veces son las que mas llenan.
La verdad es que espero no pasar una sola tarde frente al televisor este verano, no porque no me guste, sino porque no quiero parar de beber de la isla. La verdad es que la echo de menos más que nunca.
Fantástico post. No puedo evitar sentirme aludido.
Un besote!

Fdo: Uno con ganas de cala major!

Favole dijo...

Hola!
Es lógico que te sientas aludido... Era mi intención; me alegro haberlo conseguido ;)
Es normal que no quieras sentarte a ver la tele. ¡Yo hace mucho que ya no la veo! Y más en verano.. Espero sinceramente verte cuando vengas; tengo muchas cosas que contarte.
Cuando vengas a cala major no hace falta que te diga que me llames :)

M.