miércoles, 16 de abril de 2008

El Sauce Albino













Ireth caminaba con los ojos empañados en lágrimas, pisando las hojas de los árboles que, acartonadas, caían sin cesar como si de lluvia se tratase. Corría a ver al sauce, su viejo sauce, que tantas veces había abrazado en sus momentos de tristeza. Ireth sentía ahora esa tristeza correr por sus venas, ese ahogo que impedía que el corazón le bombeara con normalidad.
El viejo sauce no era un sauce cualquiera; en lugar de tener las hojas verdes, éstas eran blancas y pálidas. Las leyendas dicen que, una época que nevó copiosamente, el hallarse en un lugar mágico (en los límites del reino, al lado del lago), el sauce adquirió el color de la nieve y así quedó por siempre, como señal de dicho límite.
Allí estaba cuando llegó Ireth, pero no estaba solo: sentado a la sombra, Chrétien tocaba algunas notas con su cítara. Al verla paró y la depositó en el suelo.
Ireth estaba sorprendida y desconcertada; Chrétien no había ido allí por casualidad y hasta ese momento nadie sabía del sauce como refugio de la muchacha.
- Te preguntarás que estoy haciendo aquí... Sé muy bien lo que significa este lugar para ti. Sé que vienes a este lugar desde hace tanto, que el sauce ha crecido con tus lágrimas Conozco más acerca de tu ser de lo que tú misma crees, pero al mismo tiempo me desconciertas, princesa– Ireth iba a hablar, pero Chrétien se lo impidió– A veces creo que lo veo todo en ti, y otras me da la sensación de que hasta una roca sería mas cristalina que tú. ¿No ves, Ireth, que suspiro a cada paso que das? ¿Que me desvivo por saber qué piensas y sientes? ¿Acaso no ves mi reflejo en tu corazón?
Ahora percibo tu sufrimiento, pero no puedo ver más allá de tu dolor. Puedes hablarme, contarme lo que te aflige. Yo podré darte palabras de aliento, y no este triste árbol.
Silencio. Eso es lo que obtuvo Chrétien por respuesta. El viento mecía las ramas del sauce, que se movían a la par que los largos cabellos de Ireth. Al fin, ésta dijo:
- Jamás llegarías alcanzar el entendimiento de mi pena... Sólo él, el Sauce Albino, lo entiende todo. Encierra algo que no alcanzo a ver, pero que siento con cara caricia de sus ramas, con cada susurro que me proporcionan sus hojas. Hay algo en él que ni tú ni nadie podrá ver...


Las Crónicas de Gràdh y otras Historias Perdidas: los ecos de Dragandel



Vídeo: la Nana del Sauce. Priscilla Hernández

1 comentario:

Darka Treake dijo...

Es bonito lo que has escrito...Y la foto que has encontrado, ya.... La mejor manera de describirnos un sauce albino. Precioso.

Pero nos dejas con muchas preguntas a falta de respuestas...
Esperemos que en breve las resulevas.

1bsoteee
Darka.