martes 17 de noviembre de 2009

The Vampire Diaries: decidme a qué os suena...




Hola:

Desde muy jovencita me han gustado los vampiros y seres chupadores de sangre, así que siempre he estado indagando en busca de libros, información y demás sobre mitología vampírica o novelas varias. Bien... En una de estas búsquedas di con una serie de televisión, The Vampire Diaries, basada en los libros homónimos de L.J. Smith. Os cuento de qué va y decidme si no os recuerda a algo...

Elena y Jeremy Gilbert son dos adolescentes que, tras la muerte de sus padres, deciden retomar su vida y vuelven al instituto de su pueblo. Elena coincide con la llegada de un misterioso joven, llamado Stefan Salvatore. Al muchacho se le curan las heridas rápidamente, conoce muy bien la historia y, además, ambos se sienten muy atraídos... El problema será el hermano de Stefan, Damon, un ser muy muy malo que fastidia a su hermano todo el tiempo. Al mismo tiempo, en el pueblo se suceden una serie de extrañas muertes; los cadáveres aparecen desangrados. Al final, Stefan le contará a su amada su oscuro secreto y juntos se unirán para combatir el mal que les rodea.
Por cierto, L.J.Smith publicó el primer libro de la saga en 1991.

Aquí os dejo el link (está en inglés):
http://en.wikipedia.org/wiki/The_Vampire_Diaries_(novel_series)



Yo lo dejo ahí, cada uno que saque las conclusiones que crea oportunas...

M.

martes 10 de noviembre de 2009

Estados de ánimo

Como están de moda esos emoticonos para expresar estados de ánimo, he hecho un ejercicio de egocentrismo y me he creado los míos propios.

Macarena...


...Está misteriosa


...Es el ombligo del mundo




...Está atractiva (léase esto con ironía)



...Está cotilla



...Está enfurruñada



...Está histérica



...No está para nada



...Está sorprendida



...Está ansiosa



¡A reírse todo el mundo he dicho!


M.

domingo 8 de noviembre de 2009

Publicación en una revista


¡Hola!

La espera ha merecido la pena. La revista Ícaro Incombustible ya ha publicado su quinto número. He tenido la gran suerte de poder participar en este número con la publicación de un pequeño cuento, El Arlequín del Carnaval. Muchas gracias a todos los que me votastéis y a los miembros de la revista y asociación. ¡Hacéis un gran trabajo!






M.

viernes 6 de noviembre de 2009

Ella en la casa de Mamá Elfa.




Inició una carrera precipitada. Buscaba el exterior, la salida, un lugar donde porder escapar y huir. Sólo quería salir de aquel agujero y refugiarse en un lugar que no fuera su casa. Mientras daba grandes zancadas en dirección a la puerta, oyó un grito desgarrador, casi suplicante:

- ¡No me pises lo fregado!

No hizo caso a ese alarido y, cuando tiró del pomo hacia dentro, se dio de bruces con una chica. Por lo visto, estaba dispuesta a llamar al timbre, pero su ímpetu la había sorprendido.

No pudo evitar el choque y cayeron al suelo. Ambos se miraban con una mezcla de extrañeza y curiosidad, como si no hubieran visto algo parecido en toda su vida. Él tuvo que admitirlo: la muchacha era muy hermosa. Lejos de marcharse, se incorporó rápidamente del suelo y le ayudó a levantarse.

- Gra... gracias...
- ¿Podemos ayudarte en algo? Parecía que ibas a llamar...
- Sí, es que... Ando algo perdida y quisiera saber si vosotros podríais ayudarme.

Él no se lo pensó dos veces y la hizoi pasar. La señora que antes había chillado ya no era visible, pero sus imprecaciones y exabruptos se oían desde la distancia. Él intentó restarle importancia.

- ¿Quién es?
- Es... Mi madre.

Mientras se confesaba, el chico se fue ruborizando lentamente. Odiaba tener que reconocer que aún vivía con su madre. Él, un ser que soñaba con la independencia...
Mientras intentaba explicarse, la criatura materna apareció:

- ¡Me paso el día limpiando y fregando la casa como un esclava! Y tú, ¿qué haces? ¡Nada! ¡Te pasas el día pavoneándote delante de las chicas con el carcaj al hombro y diciendo que eres alguien! ¿Y qué te dije de las visitas? ¿Quién es esta chica? ¿Otra de tus heroínas?

Ante tales chillidos, la joven se levantó, antes de que él se decidiera a dar la réplica. Por lo que veía, este tipo de problemas familiares no eran comunes sólo en humanos...

- Me llamo Ella, señora, y he venido porque me he perdido. Lamento mucho las molestias...
- ¡Hombre, al menos eres educada! No me extraña que te hayas perdido. ¿Qué hace una humana en el País de los Elfos?

- Es una larga historia...

La mamá elfa torció la nariz

- Bueno, tenemos mucho tiempo... Siéntate, hija, que voy a preparar un poco de té.

[...]

- Así que sois elfos... Vaya, siempre he sentido una tremenda curiosidad por vosotros. Por las novelas de fantasía, ya sabéis...

Jim empezó a ponerse nervioso.

- Oh, no... Más tópicos no... Bueno, algún día tenía que volver a ocurrir. Vamos, dispara.
- Por ejemplo, ¿qué es eso de los elfos oscuros y el resto de elfos? Es algo así como "elfos buenos" y "elfos malos"? ¿Y eso de los elfos-vampiros? ¿Qué os parece el tratamiento que se os ha dado en la literatura? Oh, estoy taaannn ansiosa...

(Ella tuvo que callarse para evitar que su vena adolescente saliera a la luz)

Mamá Elfa mandó callar a su retoño y empezó su discurso:

- ¿"Elfos buenos" "elfos malos"? ¡JA! Patrañas... No son más que algo así como los partidos políticos que tenéis los humanos. Estamos hartos de que se nos encasille con este tipo de mentiras, que no hacen más que desprestigiarnos. De hecho, los elfos oscuros han creado una plataforma llamada Plataforma por la Tolerancia de los Elfos Oscuros, en los que reclaman sus derechos y el castigo para los racistas. En cuanto a los elfos-vampiros... Todo fue debido a Betsy Jones, una elfa de... Digamos de vida alegre, que mantuvo relaciones con un vampirito de poca monta, pero la cosa no llegó a nada. Pero claro, a los gotiquillos (¿se dice así?) que tenéis entre los vuestros les hizo "ilu" y mira... Una gran cagada. Pero qué le vamos a hacer. Y mira, de literatura no quiero hablar; ése es un asunto muy peliagudo.

Jim la interrumpió.

-¡Que conste que a mí me gustan algunas novelas fantásticas, pero vosotros los humanos estáis locos! ¡Empezáis por cuentos y acabáis haciendo reuniones en las que todos vais disfrazados y con orejas postizas! ¡Es denigrante para los de nuestra raza!

Ella enarcó una ceja.

- Una pregunta: ¿de dónde viene tu nombre de Jim?



(Silencio atronador. Tensión. Nervios)




- Me lo cambié cuando cumplí los dieciséis. Es... Es... Por Jim Morrison.



Y las carcajadas de Mamá Elfa retumbaron por toda la casa.


M.

lunes 2 de noviembre de 2009

Halloween II: la Crónica


Hola, mis queridos amiguitos. Aunque no soy dada a este tipo de eventos, el sábado, noche de Halloween, me desplacé con mi Pelo-Seto a lugares concurridos, donde la juventud acudía con sus mejores galas y el alcohol corría a raudales. De esta curiosa experiencia sacamos diversas conclusiones. Primera: con brillantina y con cerveza, la gente pierde la cabeza. Segunda: parecía que nos habíamos colado en alguna película yanki, The Faculty, o una así. Tercera: había que realizar un estudio de todas las criaturitas que fuéramos encontrando. Y como yo soy una persona muy cumplidora, aquí tenéis mi modesta investigación:

Espécimen 1: Quiero y no puedo.
Es aquel ser que, ante la perspectiva de lucirse ante una multitud, intenta preparar un disfraz impactante, para así lograr ser el centro de todas las miradas. A final lo consigue, pero justo por su efecto contrario. A pesar de ello, la criatura no se da por vencida, y se pavonea ante la muchedumbre, que de forma hilarante no deja de reír ante su presencia. Tras su espaso éxito, que no comprende bajo ninguna manera, mete la cabeza bajo su capa y piensa "una noche es una noche". A armar jaleo se ha dicho.

Espécimen 2: Lo de toda la vida.
Esta gente recurre a los disfraces de siempre, los clásicos. Huyendo de innovaciones tipo el malo de Saw, Jocker (versión Heath Ledger, claro está) o Michael Jackson, siguen optando por los disfraces de toda la vida: bruja, vampiro, asesinos varios, zombies, el del pijama y batín... Está pugnando por entrar en esta categoría el disfraz de El Cuervo; el sábado no daba a basto para contarlos.

Espécimen 3: La innovación al poder.
Se trata de los seres contrarios a los del punto anterior. Como ya sabéis, no soy dada a este evento, pero he de reconocer que el sábado vi un par de disfraces que me parecieron absolutamente preciosos. Son personas que deciden apuntarse a la fiesta, y con todas sus consecuencias. Piensan que ya que tienen el valor de salir a la calle esa noche y pintarrejeados hasta las cejas (algunos literalmente), hay que hacerlo bien. Preparan su disfraz a conciencia y no omiten ningún detalle. Estos disfraces suelen despertar la admiración del resto, y razón no les falta.

Espécimen 4: Pechos fuera.
Estas criaturas son, a mi juicio las más extrañas, a la par que peligrosas. Las verás en toda fiesta de disfraces que se precie: botas de caña alta, falda o pantalones culeros (de los que dejan poco a la imaginación), y su seña de identidad: el corpiño rojo o negro de turno, cargado de encajes y apretado de tal manera que le harían subir a uno los higadillos hasta la boca. El resultado de tal entuerto es un pecho elevado hasta la exageración. Para colmo, normalmente las personitas que lo llevan suelen realizar movimientos y posturas que rozan lo grotesco por llamar, aún más si cabe la atención del público, masculino y femenino. Y si a eso le añadimos kilos de maquillaje, laca y lo rociamos con unos litros de ron con cola, el resultado puede ser explosivo.
Consejo: nunca, nunca, acerquéis una fuente de calor a estos seres. Las consecuencias pueden ser desastrosas.

Espécimen 4: El disfraz es lo de menos.
Hay gente que piensa que la fiesta es la fiesta, sea del tipo que sea. Y por ello, aunque sea Halloween, lo que menos importa es de qué te disfraces. Así, vemos personas que en la Víspera de Todos los Santos aparecen con su traje de la Primera Comunión, o con disfraces del tipo Mario Bros o personaje Disney. Ellos van a lo que van, y es a pasarlo bien. Halloween es sólo una excusa. Olé por ellos.

Espécimen 5: Esto va en serio.
En este grupo se encuentran los más graciosos. Son aquellos que se toman Halloween muy, muy en serio. Se presentan con sus mejores galas, disfraces estudiadísimos y con cara de "soy lo mejorcito que hay por aquí". Adoro aquellos que se trabajan los disfraces y se meten en el papel, pero éstos van más allá. Muchos de ellos, después de la fiesta, son capaces de ir a cementerio y hacer cosas chungas, como esas que se escuchan por la radio y salen al día siguiente en los reportajes de la televisión, del tipo "¿Qué hacen nuestros jóvenes?". Se visten de góticos, aunque no lo sean (ellos se lo creen), y juegan a llevar corpiños, tutús o chorreras. Su seriedad les hace hablar del importante significado de Halloween y lo banalizada que está la fiesta. Sí, vale, pero entonces... ¿Qué haces con estas pintas?

Espécimen 6: Pasando de todo.
Estas personas, sencillamente, pasan de Halloween. Bien porque creen que es algo que ni va ni viene con ellos, bien porque piensan que se ha perdido su sentido y es una americanada. he de admitir que yo me incluyo en este grupo. Puede que sea demasiado tiquismiquis con la Historia, pero no veo a los celtas en el Sahmain o a los colonos irlandeses vistiéndose de Jack el Destripador. Halloween es lo que es y, desde luego, no es lo que tenemos. Por eso gente de este tipo puede optar por quedarse en casa o por salir esa noche y ver, como mero espectador, lo que sucede. Eso segundo hice yo, y os puedo asegurar que me lo pasé genial. Sí, sin disfraz, alcohol ni nada.


Seguro que hay más especímenes clasificables, o se le ocurre alguno a más gente. Si es así, añadidlos en los comentarios. Se trata de una investigación colectiva; cuantos más ojos mejor.

Eso ha sido todo, por esta vez:


M.

miércoles 28 de octubre de 2009

Una de zombies

Imagen: http://acreofindependence.files.wordpress.com




Ella... Ella no tiene nombre, o puede tener el que tú quieras.

Pongamos que se llama X, María, Jenny... Aquí la llamaremos Ella.

Pero vayamos a lo importante.

Vive en un pequeño apartamento de alquier a unos diez minutos de la ciudad, sola, con su perro como única compañía. El amor no ha sido nunca uno de sus fuertes, y eso no iba a cambiar ahora de golpe. Trabaja en una biblioteca. Tampoco aspira a mucho más. No tiene grandes metas; tan sólo trabajar para vivir, salir de vez en cuando y ser feliz en la medida de lo posible. A ella le bastan con eso. Es una persona sencilla, sin grandes recobecos. No le gustaría ser más guapa o más lista. Le gusta lo que ve en el espejo cada mañana.

Le gusta sacar a su perro al mediodía, cuando viene de su trabajo. Lo pasea por los alrededores de su casa, donde hay un par de parques. A esas horas abundan los chavales que salen del instituto y se sientan en los bancos a comer pipas y a hablar de gobernar el mundo poniendo reggeaton por megafonía. Ella es tan suya que los evita. Siente una especia de extraño temor a que algo? que desconoce suceda. No sabe si lo que realmente le sucede es que no se atreve a reconocer que esos chicos le infunden respeto/miedo. Es entonces cuando su perro le mira con cara de no comprender, mientras piensa que su ama tiene un déficit de vitamina C, que le genera ese tipo de comportamiento. Cuando a Ella le invaden ese tipo de dudas y miedos varios, camina. Camina y camina sin parar, y es entonces cuando su perro se plantea seriamente mudarse con su madre. Pero pese a las quejas de su perro, Ella no deja de caminar hasta que, sin motivo aparente, se detiene. Pero claro, ahora tiene que pasar delante de esos chicos, o de la vecina que siempre le mira mal, o del hombre al que sin querer le golpeó el coche mientras aparcaba ( aunque él no sabe que ha sido ella)


...


Uf...



Para estos casos, Ella tiene un mecanismo: se imagina que todas y cada una de las personas con las que puede encontrarse son zombies. Sí, zombies. Ella entonces se convierte en la heroína de una película de serie B en la que, para salvar al mundo, debe ir corriendo a su guarida (su casa), apretar un botón (el mando de la tele), que accionará un explosivo, que hará que todos esos nauseabundos seres desaparezcan. Así, los que antes eran púberes, ahora son hordas de zombies babeantes que entre esputo y esputo vomitan sangre. Lo que sale de sus bocas no es el humo de los cigarrillos, sino los vapores de su cuerpo en descomposición. Imagina cómo esos hombres y mujeres zombies le persiguen con el objetivo de reducirla a una masa de carne entre sus dientes. Nota como su pulso se acelera, y pequeñas gotitas de sudor empiezan a hacer acto de presencia. Justo cuando su perro encontraba el lugar apropiado para dejar su olorosa impronta, Ella aligerá el paso, hasta el punto de iniciar una pequeña e inapreciable carrera.



El perro ya la odia del todo.



Cuando llega al portal de su cas... guarida, está jadeante. Sonríe, satisfecha. Rápidamente, entra y cierra la puerta.

No vaya a ser que venga algún zombie a decirle que baje el volumen de la televisión.



M.

domingo 25 de octubre de 2009

Poesía prosaica II





Mis pensamientos viajan a la velocidad de la luz, sin poder saber lo que traman. Tan sólo una brizna, un ligero coleteo se posa sobre mis labios y salen al exterior propulsados por una fuerza misteriosa. Pronto, los que siguen en la cabeza se convierten de nuevo en una maraña que los hace apenas irreconocible, formando una sombra extraña que me resulta curiosamente familiar.


Dibujo tu perfil en el vapor del baño, mientras diminutas gotitas de agua hirviendo resbalan por mi espalda. Después, contemplo el resultado. Tu mente y tu alma son el centro de mi obra, que tiene azul, rojo, negro, blanco, amarillo, violeta. Infinitos colores para mi mejor cuadro. Me resultas indefinible. Eres la abstracción más hermosa que he visto en mi vida. Sentada en el plato de la ducha, me imagino cómo sería tocar tu piel infinita ahora, dibujándote trazos, que en fondo son palabras de amor. Unas letras escritas por la mano que tú me guías, y que explican tantas cosas que tu dermis no da a basto para reflejarlas.
Cuando me seco, veo tu mirada en el espejo, y te recuerdo observándote a ti mismo, inconsciente, ingenuo de lo que siento al contemplarte, sonriente y calmado. Así es como te retengo en mi memoria.


Eres el poema que se recita en mis sueños, como unas manos que me tocan en un masaje infinito. Caminas, amor, por mis miembros, y no te percatas de las huellas que dejas a tu paso, más profundas que un abismo. Me labras como un campesino labra su tierra; con cuidado, con paciencia, pero con pasión por ver brotar una semilla en medio del calor y el agonioso ambiente del mediodía.

Eres una historia inconclusa, con múltiples páginas arrancadas por un niño travieso. De noche, te leo flojito, a susurros y despacio, para no acabarte nunca. No sé como han podido malherir la cubierta de tus páginas; algunos libros están hechos para un sólo lector.
Ahora guardo la calma que me das en una cajita con mis cosas más valiosas, y me siento al borde del mar con ella entre las manos.



Y en mi momentánea soledad, no dejo de preguntarme cuándo volverás a abrazarme.


M.